UN CONDE SIN CORAZÓN. Mi nueva novela .

Un conde sin corazón es mi nueva novela. Forma parte de la fabulosa serie Minstrel Valley, es el quinto libro.5 Un conde sin corazón (MV5)

Te traigo la sinopsis y te cuento que falta tan solo 1 semana para que salga publicado.

Si te apetece puedes reservarlo en Me gusta leer, la página de Penguin Random House Grupo Editorial desde podrás acceder a todas las plataformas digitales y día 3 de octubre que sale a la venta se descargara en tu dispositivo lector.

Sinopsis

Para encontrar el amor… ¿será necesario convertirse en una dama?

Algunas reglas están para romperlas.

Para retrasar la decisión paterna de un matrimonio concertado, lady Rose Mary Lowell ingresa en la escuela de señoritas de lady Acton, en Minstrel Valley, para convertirse en una Dama Selecta y enfrentarse a su destino: un matrimonio sin amor. Allí, su solitaria y triste existencia, se llena de amistad y camaradería; aunque la melancolía que a veces la consume, y una noticia que temía, la lleva a un acto desesperado.

El nuevo conde de McEwan, Richard Bellamy, se formó como médico porque no iba a heredar un título, pero la muerte de su hermano trastoca sus planes. Si algo tiene claro es que jamás entregará su corazón, sencillamente porque no tiene. La invitación de su tía a visitarla le sirve de excusa para alejarse de esa vida que lo aburre y busca refugiarse en el pueblo donde encontró sosiego tras la muerte de su padre.

La casualidad hace que sea testigo de la acción desolada de una joven y se lance a ayudarla. Conocer a la ninfa a la que salvó acrecentará su deseo y es que desde el momento en que la tuvo entre sus brazos se propuso seducirla y poseerla, sin pensar en el riesgo que eso supondría.

Rose está resignada a su destino, aunque la intensa seducción que le ofrece el nuevo conde de McEwan le hará olvidar algunas reglas para ser una dama. ¿Será capaz de no entregar su corazón a alguien que no tiene y casarse con otro?

Sobre la serie:
Minstrel Valley es un proyecto novedoso, rompedor y sorprendente. Trece mujeres que crean una serie de novelas gracias a una minuciosa organización que ha llevado tiempo y esfuerzo, pero que tiene su recompensa materializada en estas catorce novelas que vamos a disfrutar a lo largo esta temporada. Esta labor de comunicación entre ellas, el apoyo mutuo, la coordinación y coherencia no hubiese sido posible sin nuestras queridas autoras, que hacen visible que con cariño, tiempo robado a sus momentos de ocio, de descanso y de familia, confianza, paciencia, esmero y talento, todo sea posible. Desde Selecta os invitamos a adentraros en Minstrel Valley y que disfrutéis, tanto como nosotros, de esta maravillosa serie de regencia.

Prólogo de Nieves Hidalgo en Si me lo pide el corazón (Minstrel Valley 1):
«Serán novelas divertidas, románticas, dulces, plenas de sentimiento, con personajes que os enamorarán; hasta con leyenda incluida. Historias paridas por la imaginación de unas autoras merecedoras de elogio, no ya solo por su capacidad para ilusionarnos, su disposición a compartir sino, sobre todo, por la manera encomiable de aplicarse al trabajo para ofreceros lo mejor de sí mismas.»

Espero que te animes a conocer esta entrañable historia

Google play ➡️ http://bit.ly/2lJDgJz
Amazon ➡️ https://amzn.to/2mlZ1z5

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cor Nuria Rivera

 

 

Breve reseña de Viento de Otoño de Brenna Watson.

 

41kQLs13f5L._SY346_Sinopsis.

Una novela clásica del género histórico romántico ambientada en la Escocia del siglo XIV y con una protagonista de origen español.

Ella estaba dispuesta a arriesgarlo todo para encontrar un nuevo hogar.

Él no contaba con poner en peligro su honor y su vida. Ni con perder su corazón.

¿Logrará ella encontrar su lugar en la tierra de sus ancestros?

¿Conseguirá él cumplir su misión sin perder el alma en el intento?

 Antes de su muerte, el rey Robert the Bruce pidió a sus caballeros que enterraran su corazón en Tierra Santa para expiar sus muchos pecados.

En 1330, un grupo de guerreros escoceses, portando el corazón del rey en una urna de plata, partió con el propósito de luchar en las Cruzadas. El destino, sin embargo, los llevó hasta Castilla para luchar junto al rey Alfonso XI en la batalla de Teba.

Veintiséis años más tarde, Gabriela, hija deuno de aquellos guerreros, ha perdido a toda su familia. Acosada por su padrastro, abandona su Toledo natal en compañía del siempre fiel Angus Campbell, quien fuera mentor y compañero de armas de su padre. Juntos inician un largo periplo con destino a Escocia, donde ella espera encontrar un nuevo hogar entre los restos de su linaje.

 

Duncan, jefe de los guerreros del clan Montroe, valiente, temido y respetado por todos, recibe el encargo de entrenar a aquel joven imberbe que, recién llegado de Castilla, asegura llevar la sangre del clan en sus venas. Honorable y fiel a su laird, Duncan tratará de llevar a cabo su encargo, pero su mundo comenzará a resquebrajarse cuando empiece a sentirse atraído por aquel exótico y agraciado joven.

Comentario

He leído Viento de Otoño de Brenna Watson en un par de días, me tenía tan atrapada que no podía parar de leer. Es de esas novelas que con las primeras líneas ya sabes que será una gran historia, por la manera con la que la autora transmite las emociones, los sentimientos y las acciones de los personajes.

Las descripciones del entorno te hacen ver las montañas y los espacios y puedes llegar a creer que estás ahí con Gabrielle y Duncan. Me ha gustado mucho, no, me ha encantado. La ambientación, los diálogos, la construcción de los personajes, del romance, la historia… todo es brillante. El trabajo de documentación es fabuloso y me gusta su manera de transmitir la información, dosificándola, integrando la digresión en la historia de un modo que no se ve forzado ni de relleno.

La fuerza y coraje de Gabriela me ha fascinado y conmovido al mismo tiempo (una mujer fuerte en una época muy dura) y el encanto, ternura y conflictos del aguerrido Duncan no lo hace indiferente, pero si hay un personaje que me ha conquistado ha sido Micheal.

Es una novela preciosa, me ha encantado. Se encuentra en formato eBook y en papel. Yo la he leído en mi kindle, pero es de esos libros que te gusta tener en tu estanteria.

Felicito a la autora por esta historia, sin duda os la recomiendo.

cor Nuria Rivera

 

Opiniones de lectoras sobre “No llores, princesa”

Enlace libro
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Carol

24 de marzo de 2019

Formato: Versión KindleCompra verificada
Cliente Amazon

7 de abril de 2019

Formato: Versión KindleCompra verificada
Lola

27 de marzo de 2019

Formato: Versión Kindle
Bego

4 de julio de 2019

Formato: Versión Kindle

Opiniones de clientes más útiles en Amazon.com

Amazon.com: 5,0 de 5 estrellas 1 opiniones
LibertyWhitt
5,0 de 5 estrellasPRECIOSA
12 de abril de 2019Publicado en Amazon.com
Formato: Versión KindleCompra verificada

 

Minstrel Valley — Begoña Gambín

DEsde el blog de BEgoña Gambín descubrirás muchas cosas…

Un nuevo proyecto apasionante se cruzó en mi vida vísperas de Reyes. El destino con el nombre de Lola quiso regalarme, para tan señalada fecha, un apasionante futuro. Desde ese mismo instante me sumergí en una vorágine que perdura en el tiempo. No sé hasta cuando, pero que dure, ¡por favor! Minstrel…

a través de Minstrel Valley — Begoña Gambín

Si quieres más, entra en www.mistrelvalley.com y entrarás en un mundo apasionante, lleno de historias que te harán vibrar, soñar, enamorarte y soñar. 15 novelas, 14 autoras!!

A medida que se publiquen las novelas se despejará su portada

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cor Nuria Rivera

Un libro por el día de Sant Jordi. 23 de abril 2019

Libro y rosas para el Dia internacional del libro. El 23 de abril en Barcelona, en Cataluña, se regalan rosas y libros por este día. Es una constumbre muy arraigada en la población catalana. Estoy convencida de que en más lugares de España, del mundo, en este día también hay una tradición alrededor de los libros.

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Aquí se cuenta en las escuelas la leyenda de Sant Jordi. Los niños saben que el caballero  salvó de las garras del dragón a la princesa y que, al atravesar su corazón con su espada, de la sangre que le salía del pecho, brotó una rosa. Sant Jordi regaló la rosa a la princesa en señal de su amor.

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Libro y rosas. No importa el género que te guste, la lectura es siempre una buena opción. Te lleva a otros mundos, vives otras vidas, otras hisotrias, aprendes, te haces más sabio.

Antes de irme te recomendaré mis libros. Novelas románticas en las que podrás pasear por Barcelona, vivir amores apasionados, con secundarios y temas que no te dejaran indiferente. Novelas con las que te entretendrás, que te dejarán un buen sabor de boca, novelas que cuando acabes de leer la primera —espero—, querrás ir a buscar otra de mis historias.

Feliz Día del libro! Feliz Sant Jordi!

Página de autora en Me Gusta Leer (Penguin Ramdon House Grupo Editorial)

Página de autora y eBooks en Amazon

Diseño sin título(8)cor Nuria Rivera

 

Antología SELECTA de Relatos Románticos. Varios autores.

51nlxc2igglLlega esta segunda colección de relatos románticos sobre los personajes favoritos de las lectoras para disfrutar de esta fecha tan especial.

¡Celebra San Valentín con Selecta!

Son muchos los personajes secundarios que nos roban un trocito del corazón y nos dejan con ganas de saber qué fue de ellos. También hay muchas parejas de nuestras historias favoritas de las que nos encantaría saber algo más de su vida. Pues todo eso y mucho más es lo que podréis encontrar en esta antología de relatos cortos escritos con cariño, llenos de pasión, sentimiento y dulzura y con un romántico final feliz.

 

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DESCARGA GRATUITA EN ME GUSTA LEER

Eros, San Valentín, Cupido… no importa cómo lo nombremos, el amor aparece en algún momento de nuestras vidas.

Hay veces en que cuesta alcanzarlo; otras, está a un simple suspiro, y muchas veces no es fácil reconocer lo que se siente.

Como sea, el cosquilleo llega, las mariposas en el estómago se liberan y la pasión nos envuelve.

Y eso es, en definitiva, el amor en su estado más puro.

Enamórate con los más de 50 relatos que autoras y autores de Selecta han escrito para ti.

Entre ellos encontrarás el mío: Amor bajo un paraguas.

¡¡Pasa la voz!!

Antología de Relatos Románticos San Valentín 2019.

cor Nuria Rivera

Santa y el pequeño Blai.

NADAL

Santa y el pequeño Blai. Con mis mejores deseos. Feliz Navidad!!

Aquel corredor, donde se aguardaban las noticias de familiares y amigos, era todo lo que un lugar de espera no debería de ser: desangelado, con paredes blancas y frías; en las que ni siquiera un cartel de silencio decoraba la sala. Ni una sola planta que con su colorido diera una pizca de alegría. Casi escondida, una máquina de supuestas delicias, con sus casilleros medio vacíos y unas sillas de plástico incómodas, que recorrían el prolongado pasillo, era todo el mobiliario del lugar.

Fuera de allí, la ciudad y los comercios vestían sus mejores galas para recibir los días navideños. Pero en la gélida estancia parecía que el tiempo se había congelado y solo la cadencia del tintineo de una campana se filtraba como el aire por las rendijas de las ventanas.

El pequeño Blai, con ojos curiosos, buscaba el origen de tan peculiar sonido. Quería levantarse, investigar quien osaba perturbar el silencio de tan respetable sitio, pero no se atrevía. Su madre, sentada junto a él, agarraba su mano con fuerza, mientras sollozaba en silencio; quizás en la creencia de que él no se daba cuenta.

Nadie le había explicado qué hacían allí, pero él lo sabía.  Hacía un buen rato que habían llegado la abuela y sus tíos; incluso uno que hacía tiempo que no veía, porque su papá y él se habían disgustado. Eso se lo había escuchado decir a la otra abuela, pero ella ya no estaba; aquel verano se había ido al cielo. Y la echaba tanto de menos. Con ella habría podido hablar de lo que ocurría. En sus recuerdos encontró una de sus últimas charlas: «Observa a tu alrededor y las cosas te dirán qué pasa». Y en eso estaba. Miraba las caras afectadas de sus familiares, que desde los asientos de enfrente los contemplaban, a él y a su compungida madre, con vistazos disimulados, con muecas lastimeras, con pena en sus labios. Por un momento quiso gritarles y pedirles que sonrieran. Su papá siempre le decía que no le gustaban las caras tristes.

La melodía pareció acercarse por el pasillo, como si cruzara a otro recinto y aprovechó el descuido de su madre que aflojó su agarre para buscar algo en su bolso. Liberándose se levantó con prisa y se separó unas pocas zancadas.

—¡Blai! —gritó esta, en un susurró cortante, a la vez que estrujaba un pañuelo entre los dedos—. No puedes marcharte.

—Solo quiero ver a Papá Noel, no he podio darle mi carta.

—Déjalo ir, está aquí mismo —señaló el tío, casi un desconocido. Él era pequeño la última vez que lo vio.

Corrió por el pasadizo en busca del tintineo y encontró un cruce de caminos. Agudizó el oído, giró a su izquierda y en pocos pasos encontró una pequeña sala. Sin embargo, un poco más allá, unas puertas acristaladas se abrieron y salieron dos mujeres apesadumbradas. No lo dudó y entró, su papá estaría allí dentro. Sorteó un mostrador muy grande, donde una chica miraba el móvil; la musiquilla de un villancico la distrajo de su presencia y él pudo revisar, uno por uno, los pequeños cubículos que se distribuían en la pieza. Encontró a su padre en el último y su estampa lo asustó. Dormía; sin embargo, algunos cables lo ataban a varias máquinas, incluso tenía un tubo que hacía mucho ruido. Así era imposible descansar. Se le acercó sin miedo. A pesar de todas aquellas cosas, parecía muy plácido. Tenía los brazos sobre las mantas y agarró su mano como cuando paseaban por el parque. De un impulso se subió al colchón e inclinado sobre su oído le susurró.

—Papá despierta, es Nochebuena y mañana Navidad. Nos esperan los regalos en casa y has de hacer que mamá deje de llorar. —Lo zarandeó un poco y susurró conteniendo la emoción. Él no lloraba, ya era mayor—. Despierta. No te puedes quedar aquí solo.

Le dio un beso en la mejilla y lo notó frío. Quiso arroparlo mejor, pero alguien lo interrumpió.

—¡Ey! No puedes estar aquí.

La joven del mostrador lo había descubierto. Sin mediar palabra, Blai se escabulló y salió corriendo. Se refugió en la sala que había visto antes.  Al cruzar la puerta observó que el sitio era más bonito que donde su madre y él esperaban; para su sorpresa estaba lleno de gente; le parecieron duendes por sus ropas verdes o batas blancas. Sentado en una butaca, Papá Noel sostenía un vaso que alguien le entregaba y, de la humeante taza, salió un aroma que le recordó al chocolate caliente que los domingos desayunaba.

—¡Eh, Santa! —oyó llamar a alguien—. Quizás el crío no tuvo tiempo a entregar su carta.

—¿Qué haces aquí, pequeño? —preguntó el hombre orondo de barba blanca.

Al instante varios pares de ojos lo contemplaron; algunos con sonrisas en sus rostros, otros con censura en sus caras, pero nadie le dijo nada. Por unos segundos sus pupilas se clavaron en los iris azul cielo del hombre vestido de rojo que, tras un sorbo, había abandonado la bebida caliente sobre una mesa. Su mirada era tan clara como las aguas cristalinas del mar al que su padre lo llevaba. Si no fuera imposible hubiese dicho que le brillaban y sintió que el nudo que había en su pecho se aflojaba.

Un poco nervioso, sacó un papel arrugado de su bolsillo y miró al hombre con vacilación y duda; no sabía si entregarle aquel pliego que atesoraba y había escrito con prisa en el reverso de una propaganda. Blai, a pesar de la valentía de sus siete años, sabía que su letra no era bonita, ni que así se hacían las cosas. Quizás su padre se enfadaba. Lo habían esperado tanto tiempo en los grandes almacenes que cuando su madre recibió aquella llamada, que la puso tan nerviosa, tiró de su mano y no pudo entregar su lista de deseos. Sin embargo, ya no quería nada de aquello: Ni el barco de piratas, ni el camión de los cars. Ni siquiera aquel ridículo traje de Spiderman o el guante que lanzaba telarañas. Solo quería que su papá despertara.

La mano enguantada que lo invitaba a acercarse le dio el coraje que le faltaba y al llegar junto al hombre, con un rápido movimiento, este lo agarró por la cintura y lo sentó en su regazo.

—¿Qué te preocupa jovencito?

—No he podido dejar mi carta…

—Pero eso no es problema —señaló una simpática mujer que llevaba un gorro verde—. Puedes decírselo al oído a Santa.

 De pronto toda la gente que allí se congregaba dejó lo que hacía, un extraño pitido sonaba en algún lugar y como si fuese la sirena de su colegio, que anunciaba el fin del recreo, aquellas personas se marcharon apresuradas.

El viejo de barba blanca no se inmutó y le dijo que le explicara qué le pasaba. Blai sabía que tenía poco tiempo. Santa tenía que marcharse a repartir regalos, pero él no iba a entretenerlo mucho, solo pediría un único deseo.  Le contó al oído lo que sabía, no quería que viera que una lágrima le caía por la mejilla al acordarse de su papá. Un señor con un coche lo había atropellado, tenía un fuerte golpe en la cabeza y algunas costillas rotas; sin embargo, a pesar de los cables y el tubo que había visto, lo que más lo asustaba era que no pudiera despertar. Santa asintió con la cabeza, él le entregó el papel arrugado y, como si recordara algo, se bajó de sus rodillas y salió disparado. Su madre lo estaría buscando.

No se había equivocado. Al final del pasillo la divisó, parecía alterada. Se arrodilló para recibirlo y se le abrazó asustada.

—¿Dónde te habías metido? Nos han llamado. Eres tan pequeño aún, pero papá… papá ha despertado.

—¡Mamá… que ya soy grande!

El tintineo de una campana se acercó hasta ellos. Blai vio pasar a Papá Noel que, sin detenerse, siguió su camino con su inseparable saco al hombro. Entonces lo vio, un papel le caía al suelo y corrió hasta él. Al recogerlo lo reconoció: era su carta arrugada.

—¡Eh! —gritó sin saber qué decirle a Santa.

Sus miradas se cruzaron y de nuevo aquel brillo en sus ojos, azul claro, lo sobrecogió.  El hombre levantó una mano, como si fuera un soldado y saludara con dos dedos, le guiñó un ojo y con una gran sonrisa se despidió, a la vez que hacía sonar su campana.

—¡Ho-Ho-Ho… Feliz Navidad!

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Nota de la autora: Este cuento está inscrito en Safe Creative bajo el  Código de registro: 1812169348232

 

EL TREN. Cuento de Navidad.

IMG_0019La estación estaba abarrotada de gente que arrastraba pequeñas maletas. En sus caras se reflejaba la emoción contenida y las ganas de alejarse del trabajo y la rutina por unos días, para escapar a otras estancias o impregnarse del calor familiar y el cariño que alrededor de una mesa, vestida para la ocasión y bien surtida, podía circular.

Un fuerte silbido anunció la inminente salida.

Todos corrían, menos un joven de rictus serio y pesaroso. Sus hombros parecían acumular el cansancio de toda una vida. Al entrar al vagón tropezó con un padre y un hijo que se abrazaban con el amor que ha sido cincelado con los años, sin fisuras, sin rencores. Sin querer, se fijó en el pequeño objeto que el joven retenía en su mano y apartó de su mente un recuerdo de infancia que lo sobresaltó. Guardó su equipaje, se acomodó en su asiento y evitó cruzar su mirada con los otros ocupantes del compartimento. Todavía no había salido y ya se arrepentía de aquel viaje. Buscó en sus bolsillos la carta que en un arrebato le hizo pensar, que esta vez, todo sería diferente. La releyó de nuevo. Aunque ya sabía lo que decía. “No dejes que el tiempo alargue esta distancia que nos separa”. Trató de congraciarse con la decisión tomada y se entretuvo en observar, cómo detrás de la ventana, el paisaje cambiaba de perfil y color. El blanco de las montañas nevadas se dejaba adivinar y se le antojó que el frío se había adueñado del valle a la vez que de su corazón.

Frente a él, una madre amamantaba a su hijo ante la mirada embelesada de su esposo que no perdía detalle y jugueteaba con las manitas del niño que se enredaban en el cabello de la mujer. Se dejó arrastrar por la nostalgia de otro tiempo y con la cabeza apoyada en el cristal se imaginó años atrás cuando regresar era motivo de alegría e ilusión. Cuando la culpa no anidaba en su pecho.

 Adormilado, fue testigo de cómo la niebla invadía el valle y fue engullendo en sus fauces grises los árboles que con más frecuencia mostraban sus copas blancas. La espesura lo invadió todo y le pareció flotar en una autopista hacia el cielo.

Lo sobresaltó el silbato del tren y supuso que cruzaban el puente que conectaba las montañas. Ya se acercaba a casa. Pero aquel sonido le pareció distinto, como un eco extraño. Miró hacia su asiento contiguo. Un niño, con un trenecito en sus manos, jugaba a su lado. La madre le dedicó una mirada apurada y le pidió al niño que no lo molestara, mientras que el padre desplegaba un diario, como si no fuera con él, y escondido tras las hojas le guiñaba un ojo al hijo. Buscó con la mirada al bebé, pero no había señales de él. Ofuscado no pudo evitar preguntar y el niño muy envalentonado le dijo que él no era un bebé, ya tenía cinco años.

Sin deseos de preguntar de nuevo, volvió a adormilarse. Imaginó un reencuentro y deseó ser como aquel joven abrazado por su padre en la estación, como ese niño al que su padre miraba con ojos llenos de amor. Deseó poder escribir de nuevo su historia, lejos de enfados y recelos, lejos de un orgullo tonto que lo había separado de su familia.

Se perdió en sus pensamientos, pero no quería dormirse y decidió que le vendría bien estirar las piernas. Se levantó y se dirigió al vagón restaurante, donde un camarero con ojos cansados, le sirvió un chocolate caliente. Regresó a su compartimento y por el pasillo se cruzó con un joven que caminaba con prisas. Encontró el lugar vacío, el trenecito estaba olvidado en su asiento y lo cogió. Jugó con él entre sus manos y observó que era una pieza antigua, casi de coleccionista.

El silbato volvió a sorprenderle. En vano esperó a la familia y supuso que habrían bajado en la estación anterior a la suya. Recostado en el sillón, cerró los ojos, no sabía cómo iba a enfrentarse a los suyos. ¿Qué podía decirles después de tanto tiempo?

El tren entró en la estación y la niebla decidió dar una tregua. Al mirar por la ventana vio un cielo claro y soleado. Los primeros pasajeros ya habían descendido. La visión de la alegría en sus caras, lo conmovió. Se abrazaban a sus seres queridos y las risas dibujaban sus rostros de paz interior.

Cogió su equipaje con desgana, nadie habría venido a recogerlo y le quedaba un buen camino hasta la casa familiar. No supo qué hacer con el trenecito que había encontrado, pero lo atesoró en su mano como si la fuerza que necesitaba para descender del vagón emanara de aquella pieza.

Por un instante se sintió perdido en el andén. La algarabía iba muriendo a medida que la gente se alejaba hasta la salida de la estación. Cabizbajo emprendió el camino hacia ella, cuando una voz grave lo sobresaltó. Frenó sus pasos ante el dueño de aquel llamado. Se vio envuelto de pronto por unos brazos que lo sostenían con fuerza y no pudo evitar dejarse caer en ellos. El hielo de su pecho se deshizo ante aquel calor. Al separarse, con el único asidero del trenecito en su mano, observó a un hombre lloroso que lo miraba emocionado.

─Veo que conservas el tren de cuando eras niño.

Supo entonces que en ocasiones las palabras que más desea uno escuchar son esas que no hace falta que se digan, porque un abrazo es lo único que se necesita para cerrar las heridas del corazón.

La melodía de un viejo villancico, en las voces de unos niños, resonaba en la estación dando la bienvenida al viajero. Una sincera sonrisa se dibujó en su rostro y con voz emocionada y enternecida saludó:

—¡Feliz Navidad!

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*El tren forma parte de una antología de cuentos registrado en Safe Creative con el Código de registro: 1712155105378

 

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Lectura recomendada: La sombra de Erin de Adriana Rubens.

513axTLew1LNo tuve dudas al elegir este libro; solo el nombre de la autora me bastó para saber que sería una gran novela. Y no me ha defraudado. La sombra de Erin me ha gustado mucho. No, me ha encantado, maravillado y fascinado. No conocía la mitología celta, pero el prólogo me atrapó de tal manera que quedé enganchada a la narración y eso que todavía no sabía que me iba a encontrar con mucha más magia.

Sobre la novela os cuento que hay una apasionada historia de amor. Que Elatha está para mojar pan, que tiene una parte oscura, pero también unos sentimientos firmes e inquebrantables hacia la mujer que ama y Diana es de esas mujeres fuertes que no se deja amedrentar por nadie y menos por Elatha, por muy dios que sea.

Decía que hay una apasionada historia de amor, pero hay mucho más. Hay misterio, intriga, recelos amenazas, dudas, amistad, traiciones, amor. ¿He dicho que hay pasión? Hay fantasía, dioses que aparecen de la nada, guerreros que se baten en luchas enfurecidas, humor, cuervos, castillos, magia. Mucha magia, no solo en la historia sino también en las palabras de la autora. Su narración es impecable.

La novela es la primera parte de una trilogía, pero Adriana la cierra no solo con un epílogo, sino con tres. No deja ningún fleco suelto y, además, nos abre las puertas para el segundo libro

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Felicito a la autora por esta novela tan fascinante en la que ha sabido combinar las leyendas celtas y la mitología con su buen hacer como escritora. Si ya me gustaba en sus otros géneros (contemporáneo o histórico) con esta novela de fantasía creo que se ha superado.

Recomiendo La sombra de Erin no solo porque es una historia preciosa y lo bien escrita y documentada que está; sino porque sus descripciones te transportan a esa isla Esmeralda que es Irlanda, puedes ver los paisajes, oler la tierra, sentir la brisa en la cara como si fueses tú la que circula en bicicleta. Y, si cierras los ojos, también puedes ver a un dios fomoriano, de una belleza sobrecogedora,  tumbado sobre una roca, relajado,  mientras su cuerpo se seca tras unas brazadas en las heladas aguas de un lago.

cor Nuria Rivera