No llores, princesa

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No llores princesa - Nuria RiveraSinopsis

Dicen que de una boda siempre sale otra… y esto encontraremos en esta apasionante novela romántica de Nuria Rivera.

Mar y Enric no saben el efecto que producirá en ellos una noche de pasión inesperada. Cuando vuelven a encontrarse no podrán reprimir el deseo que sienten el uno por el otro.

Mar acude a la boda de su mejor amiga con el corazón roto. Necesita olvidar a Mat, que la ha engañado. Allí encuentra a Enric, un primo del novio, y pasan una apasionada noche de sexo. Pero Mat no está dispuesto a retirarse.

La casualidad hace que Mar y Enric se encuentren y sin darse cuenta se enamoraren. Sin embargo, las interferencias de sus exparejas sembrarán dudas en su relación y los pondrá a prueba. Los fantasmas de Mar se hacen realidad y su historia se repite. No puede soportarlo. Otra vez engañada, y con el sentimiento de humillación revoloteando a su alrededor, se marcha lejos para superar su dolor, olvidar a Enric y comenzar otra vida.

Pero el inmenso amor que sienten hará que descubran que no pueden vivir separados; sin embargo, tendrán que superar los obstáculos que otros se empeñan en poner en su camino, para distanciarlos, en su propio beneficio.

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QUOTE 7 NO LLORES, PRINCESAcor Nuria Rivera

Nota: Finalista en el IX Certamen de Novela Romántica Vergara

FINALISTADe pequeña me inculcaron que lo importante era participar. Así que lo he hecho en cuatro ocasiones y he conseguido el meritoso lugar de FINALISTA en el IX Certamen de Novela Romántica Vergara-RNR, dos veces. La primera fue el año pasado con La pasión dormida. Un romance contemporáneo en el que algunas circunstancias de la vida están determinadas por otras que quizás a priori no se saben. La segunda vez, en esta ocasión, con la novela: Tu nombre en mis labios. Una historia romántica ambientada en la Barcelona de la Exposición Universal de 1888.

Quien la sigue la consigue…, por lo menos eso dicen.

En el artículo que presenta la editorial informan de que han sido 228 novelas las presentadas al evento; por lo tanto, el mérito alcanzado es un importante logro. Desde aquí reitero mis felicitaciones a la ganadora Eleanor Rigby y a Yolanda Díaz de Tuesta, finalista también. Ambas grandes escritoras.

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Así que, ¿quién sabe? Quizás en un rato empiezo a elaborar un pequeño mapa que me lleve a escribir otra novela para presentarme al concurso del próximo año o, quizás, termino con la que estoy, que sus personajes me tienen atrapada en la historia y, sin que yo les dé paso, hablan en mi cabeza y cambian escenas a su libre albedrio. Os diré que esta situación, en ocasiones, me hace parecer un poco loca a ojos de mi familia, a quien bombardeo a preguntas sobre un tema importante que cruza la historia y, por suerte, tengo dos buenas fuentes de documentación que me han ayudado bastante en temas cruciales que mueven la trama.

¿Qué de que va esa nueva historia? Todavía es pronto para adelantar nada, pero pronto… pronto podré decir algunas cosas.

cor Nuria Rivera

Lectura recomendada: La sombra de Erin de Adriana Rubens.

513axTLew1LNo tuve dudas al elegir este libro; solo el nombre de la autora me bastó para saber que sería una gran novela. Y no me ha defraudado. La sombra de Erin me ha gustado mucho. No, me ha encantado, maravillado y fascinado. No conocía la mitología celta, pero el prólogo me atrapó de tal manera que quedé enganchada a la narración y eso que todavía no sabía que me iba a encontrar con mucha más magia.

Sobre la novela os cuento que hay una apasionada historia de amor. Que Elatha está para mojar pan, que tiene una parte oscura, pero también unos sentimientos firmes e inquebrantables hacia la mujer que ama y Diana es de esas mujeres fuertes que no se deja amedrentar por nadie y menos por Elatha, por muy dios que sea.

Decía que hay una apasionada historia de amor, pero hay mucho más. Hay misterio, intriga, recelos amenazas, dudas, amistad, traiciones, amor. ¿He dicho que hay pasión? Hay fantasía, dioses que aparecen de la nada, guerreros que se baten en luchas enfurecidas, humor, cuervos, castillos, magia. Mucha magia, no solo en la historia sino también en las palabras de la autora. Su narración es impecable.

La novela es la primera parte de una trilogía, pero Adriana la cierra no solo con un epílogo, sino con tres. No deja ningún fleco suelto y, además, nos abre las puertas para el segundo libro

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Felicito a la autora por esta novela tan fascinante en la que ha sabido combinar las leyendas celtas y la mitología con su buen hacer como escritora. Si ya me gustaba en sus otros géneros (contemporáneo o histórico) con esta novela de fantasía creo que se ha superado.

Recomiendo La sombra de Erin no solo porque es una historia preciosa y lo bien escrita y documentada que está; sino porque sus descripciones te transportan a esa isla Esmeralda que es Irlanda, puedes ver los paisajes, oler la tierra, sentir la brisa en la cara como si fueses tú la que circula en bicicleta. Y, si cierras los ojos, también puedes ver a un dios fomoriano, de una belleza sobrecogedora,  tumbado sobre una roca, relajado,  mientras su cuerpo se seca tras unas brazadas en las heladas aguas de un lago.

cor Nuria Rivera

Novela romántica versus novela erótica. (O… Hablamos de sexo)

 

couple-731890__340Desde hace algún tiempo la novela romántica ha virado del amor cortés, sentimental o platónico a un amor más “real”, con escenas eróticas o sexuales; descritas con más o menos arte. (No es que antes no se escribieran escenas de sexo, siempre han estado, era, ¿cómo decirlo…? de otra manera). La novela romántica se ha hecho más erótica.

Percibo que ese cambio no es del agrado de muchas lectoras, pero no creo que esto sea porque se asusten de tales descripciones, sino por el aumento de incluir escenas sexuales no solo en cantidad (incluso sin justificación en la trama) sino variopintas, que parecen más una sucesión de posturas del Kamasutra que de una trama romántica.

El sexo siempre ha estado, con mayor o menor medida, implícito en las novelas románticas; tal vez es algo que va con los tiempos. Antes se trataba de sentimientos, de escribir a flor de piel, se generaba emoción con un pequeño roce, una mirada, una puerta que se cerraba. Para ello contábamos con la sugerencia, se jugaba con las elipsis (supresión de una palabra o frase que puede comprenderse por el contexto), con lo poético. En la actualidad parece que somos más visuales, necesitamos la imagen que puede ser más o menos sugerente para llevarnos a la fantasía.

Quizás ahí estriba la confusión entre novela romántica y novela erótica. La diferencia está en incluir el amor, con o sin sexo; o el sexo, con o sin amor, en la relación de la pareja protagonista.

NOVELA ROMÁNTICA

NOVELA ERÓTICA

Conflicto centrado en la relación amorosa (romance) entre la pareja protagonista. Conflicto centrado en la relación sexual de la pareja protagonista.
Hilo conductor: el amor. Hilo conductor: el deseo, una obsesión, una fantasía, relación sexual.
Siempre tiene un final feliz. Los protagonistas acabaran juntos (con o sin boda). Los protagonistas no acaban juntos necesariamente.
Puede, o no, incluir escenas de sexo o eróticas, más o menos explícitas Incluye escenas de sexo o eróticas.

El erotismo es una herramienta que podríamos decir indispensable en la novela romántica. Hace referencia a todas las relaciones sensuales y no implica expresamente la descripción de la relación sexual. Se alimenta de miradas, de sugerir, de escenas y palabras con dobles sentidos o intenciones. Así se mantiene la tensión erótica que marca la relación amorosa. En novelas de regencia, por lo general, la relación sexual no tiene por qué aparecer; sin embargo, en novela romántica erótica sí. Podemos encontrar un nivel bajo, medio o de alto voltaje y ahí es donde ese subgénero puede tomar entidad propia. Esto es que las novelas románticas de alto voltaje pueden considerarse novelas eróticas, porque el conflicto está más en la trama sexual que en la amorosa, aunque esta se dé también. Pero la novela erótica tiene su límite cuando sobrepasa el sugerir para mostrar de forma cruda, obscena y explicita lo sexual. Hablamos entonces de novela pornográfica.

Por todos es sabido que una cosa en demasía cansa. He escuchado algunas veces eso de: “me he saltado las escenas eróticas”. Cada vez que lo escucho pienso si es que todas esas mujeres que lo dicen son reprimidas, si hablar de sexo aún da vergüenza o si en realidad se cansaban de tales descripciones porque había demasiadas en la novela.

Soy escritora de romántica y mis historias tienen escenas eróticas; puede ser que se me cuele alguna de más. En mi descargo diré que siempre son escenas que están justificadas por la trama y no aparecen cada dos páginas. Sin embargo, he escuchado estos comentarios y me han dado qué pensar. Eso me llevó a preguntarme por la cantidad de escenas eróticas que debería llevar una novela romántica. No he encontrado un consenso claro. Una vez leí que debía haber entre 5-7 escenas de ese tipo. La experiencia me ha llevado a comprender que la descripción detallada de más de 4 es excesiva. Por lo general es aceptable entre 3 y 4.

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Antes de decidirme a escribir mi primera novela romántica leí muchas. Quería, y necesitaba, saber cómo trataban otras autoras el tema del erotismo. Encontré de todo: desde las que eran comedidas a las que daban una clase de anatomía; las recatadas que se notaba cuando se saltaban la escena (y no precisamente con una elipsis) a las vulgares que no ponían nada literario en la descripción de los pasajes.

Hace unos años a las novelas románticas cargadas de escenas eróticas algún iluminado las clasificó como “porno para mamás” (¡Vaya! Debe ser que los “papás” no consumen estos libros, ni tampoco las películas). Reconozco que me preocupaba. En un mundo donde todo y todos somos clasificables me inquietaba que a mi novela le pusieran ese apelativo. (¿Qué iba a pensar mi familia, mis amigos?) Ya tenía bastante con la censura del que piensa que escribir una novela romántica es escribir una “novelita”, algo sencillo y sin sustancia. Ya escribí sobre este aspecto en otro lugar, os animo a leer aquel post: ¿Por qué leer novela romántica?

En literatura, la descripción, más o menos detallada, de escenas sexuales o eróticas no solo está en las novelas románticas. Se encuentra también en otros géneros literarios. No importa si es comedia, drama o novela negra, el sexo aparece con más o menos intensidad (véase Maestra de L.S. Hilton que, por cierto, es un thriller) Y es que, nos guste o no, el sexo vende.

Volviendo a la novela romántica y no entro en si es histórica o contemporánea, el sexo puede estar en ambas, creo que lo artístico del termino está en la sutileza de las descripciones. La novela romántica en la actualidad pide este tipo de escenas (dónde se ponga el peso en la trama: en el amor o en el sexo, estará la distinción de los subgéneros, ya lo hemos visto antes). Y, para ser honesta, también lo he dicho antes, lo mucho cansa, aburre (de ahí que muchas lectoras se salten esos pasajes eróticos). Por otro lado, ya que me he arremangado con el tema, quisiera hacer alguna mención al vocabulario que se emplea para describir estas escenas. Abogo por un lenguaje claro, pero sin ser vulgar; que sea metafórico, poético, literario, sin ser visceral ni obsceno. Jugar con los recursos estilísticos. Podemos encontrar un abanico donde hay novelas que van desde las muy sutiles, donde el lenguaje casi abstracto nos hace saber que ahí ha pasado algo, hasta aquellas que son tan explicitas y descriptivas que parece que estamos viendo una película y dejan poco a la imaginación. Cruzar la línea que hay entre sugerir y mostrar a una explicación/descripción muy directa y explicita ya no es erotismo, sino pornografía y eso sí sabemos detectarlo todos.

Para mí, la construcción de una escena erótica tiene que ver con el argumento; con los personajes que he descrito (con la personalidad que les he adjudicado); con la trama (si lo pide o no); con la tensión; con el ritmo; con la temática que estoy tratando y, sobre todo, si está justificada en un momento o en otro de la historia. La experiencia me ha permitido afinar más en sus descripciones, combinar afectos y sentimientos de los personajes con los actos y también controlar la cantidad de estas escenas para no cansar y sí generar expectación y tensión sexual a la trama.

Aprendo cada día de lo que los lectores me dicen, de los consejos que recibo. Así que espero mejorar a cada paso.

Mis novelas son románticas con escenas eróticas, sí, y su final siempre es feliz. Quizás, si no las conoces, te animes a leerlas y verás que no hay que rasgarse las vestiduras, que el sexo es parte de las relaciones humanas, de la vida, que es una de nuestras pasiones. Como dice una amiga mía: la sal y la pimienta de la vida.

cor Nuria Rivera

Primer capítulo de La pasión dormida.

La pasion dormida - Nuria Rivera

Capítulo 1

Diego Luján era de los que pensaban que pocas cosas se hacían por amor. La mayoría de las veces, lo que uno creía, que era su deseo, no era otra cosa que el deseo de otro.

Impaciente, como todo novio en el altar, dibujó un rictus risueño con el que saludar a aquellos que se le acercaban, aunque en su fuero interno se reía de aquel circo en el que no creía, pero que había aceptado, y dejó hacer a su prometida, porque era su ilusión y así lo había soñado desde que era una niña. Le quedó claro que el rito religioso, que, si bien su suegra exigió, ella lo había relegado al decir que una boda por la iglesia era mucho más bonita, y pomposa, que una por lo civil y eso lo había convencido.  A su lado, Javier, su hermano dos años menor y Sergio, su mejor amigo, aguantaban estoicos. Agradecía su compañía, aunque sabía que estaban deseando poder irse al bar de enfrente, pero nunca lo dejarían solo. Hacía rato que Asier, el mayor de los Luján, le envió un mensaje en el que le decía que a la novia le había dado un ataque de angustia, cuando le llevó el ramo. Como un tonto enamorado, había tratado de hablar con ella, pero no lo había conseguido. Su amigo le quitó el teléfono para evitar que la llamara y, también, por si este sonaba en mitad de la ceremonia. La chica no se lo perdonaría.  Asier regresó sin poder darle mejores noticias, al final no pudo seguir el ritual, para el que se había estudiado un pequeño poema, porque ella se encerró en el baño y el padre le dijo que mejor no agobiarla porque estaba muy nerviosa.

El tiempo pasaba e intranquilo esperaba que la música sonara y le anunciara que su querida novia había llegado y que en unos segundos la vería desfilar por aquel pasillo, engalanado de flores, como toda la iglesia, hasta el hartazgo. Pero eso no ocurrió.

No hubo nada en concreto que lo puso en alerta. Algunas señales son imperceptibles, pero nos dan una claridad meridiana, y Diego supo, por la inquietud que empezó a sentir, no solo en su interior sino también en algunos bancos destinados a la familia de la novia, que ella no vendría. Después pensó que el hecho de que no hubiese ningún miembro directo de ella en la iglesia debería haberle dado alguna pista. Su buen amigo Sergio se lo confirmó, al mostrarle su propio móvil. Ese que le había entregado. El mensaje era escueto: “Lo siento, no puedo hacerlo”. La furia se apoderó de él. Diego Luján que siempre se había caracterizado por ser un hombre tranquilo y educado se transformó y de la rabia tiró uno de aquellos jarrones cargados de rosas que se hizo añicos nada más tocar el suelo. Las rosas y el agua quedaron esparcidas, entre los trozos de porcelana, en aquel altar como símbolo de un desastre inminente. El cura se atrevió a censurarlo, pero él no lo escuchó. Tampoco fue capaz de mirar a nadie. Salió a grandes zancadas por aquel pasillo que apestaba a flores y huyó como si fuera un reo liberado.

La llamó mil veces y mil veces recibió el mismo mensaje. Su teléfono estaba “…apagado o fuera de cobertura”

Casi enloqueció. La buscó en la casa que iban a compartir, por supuesto que no la encontró. Nadie pudo, o quiso, darle razón de ella y dejó de esperar cuando, unas horas más tarde, sentado en el suelo en mitad del salón de la casa de su padre, aceptó la cruda realidad. Le había abandonado.

Asier se sentía culpable por no poder añadir ninguna información, ya que él la había visto apenas unos minutos.  También se sintió engañado porque, tal vez, algo en aquella casa se le pasó por alto y no fue capaz de detectarlo.

Sus hermanos y su amigo, Sergio, acamparon por los sofás. No intentaron convencerlo de nada, tampoco se atrevieron a dejarlo solo. Parecía un muñeco roto. La americana estaba esparcida por el suelo, tirada de cualquier manera. Descamisado y con la corbata desanudada ofrecía un aspecto hundido.

Lloró de rabia o quizás de dolor y todos los juramentos que soltó se los dedicó a la mujer que lo había humillado, dejado en ridículo y engañado. Miguel Luján, su padre, fue el único que se acercó a hablarle. Se sentó a su lado y lo imitó, al recostar su espalda en el sofá. Diego nunca había visto a su padre por los suelos, ni con una copa en la mano, pero aquella vez en una tenía una botella de Chivas y, en la otra, dos vasos.

—Pues no estamos tan mal —llenó los vasos y le ofreció uno—. Tenemos varias botellas.

Asier, Javier y Sergio se sumaron a la pequeña fiesta y los cinco acabaron con una buena cogorza.

A la mañana siguiente la resaca era considerable. Ni siquiera sabía cómo había llegado a su cama. Se duchó y rebuscó, en la habitación de Javier, algo de ropa con la que vestirse, la suya estaba en el nuevo piso. Cogió unos tejanos y una camiseta. Salió hacia la cocina y allí encontró a sus hermanos y a Sergio.

—No tienes casa, tío— dijo, al ver a su amigo, con tono de fastidio.

—Por supuesto, pero aquí os cuidan mejor.

Julia, la hermana de su padre, les servía café y cortaba en trozos una tarta casera que tenía muy buena pinta. Le dio un beso en la cabeza cuando se sentó a la mesa.

—Ayer hablé con el padre de Miriam —comentó Asier, con cautela y lo miró a la espera de su reacción. Él no enfrentó su mirada, no quería volver a derrumbarse—. Dijo que se hacían cargo de los gastos del restaurante. Irían al piso a por sus cosas y se llevarían sus muebles.

—Que se los queden todos y el piso lo pones a la venta —respondió seco.

—¡Joder! Pero si te encanta —alegó Sergio.

—¿No vas a consultárselo?  —preguntó Javier, con asombro—. A lo mejor quiere…

—Me importa una mierda lo que ella quiera —cortó el tema.

—El piso es de Diego, yo se lo regalé y puede hacer con él lo que quiera —dijo Miguel. Le pasó la mano por el pelo como cuando era un niño y se sentó a la mesa.

—De acuerdo —afirmó Asier—. Mañana arreglaré los papeles y lo pondré a la venta. ¿Y el viaje?

—¿Qué viaje?

—¿Cuál va a ser? El de novios. —De pronto cayó. Ni siquiera había pensado en él.

En realidad, no había pensado en nada. Ni en hablar con el cura, disculparse y cancelar la ceremonia, ni avisar al restaurante donde celebrarían la fiesta, ni al hotel donde iban a pasar su flamante primera noche como marido y mujer. No pensó siquiera en el dineral que se perdía por el camino. En nada, solo en su orgullo herido y en su maltrecho corazón. Por suerte tenía un padre y unos hermanos que se ocuparon de esas cosas y un amigo que no lo dejaba solo.

—¿Has olvidado que en dos días salías hacia Mauricio? —se sorprendió su hermano pequeño. Era cierto, no lo recordaba y eso era porque él no quería ir a las islas Mauricio, él quería visitar Nueva York, perderse en Manhattan, recorrer Brooklyn, ver algún musical y visitar el MoMA. Pero sobre todo no lo recordaba porque desde el día anterior sentía un agujero en su pecho y en su alma. Miró a su hermano y negó con la cabeza—. Yo me encargo. ¿Cancelo o pospongo?

—Cancela, a ver si tu amiga de la agencia puede recuperar algo… No, cambia los billetes y que lo disfrute la tía.

—Es mucho dinero —refutó la aludida, pero él rechazó el comentario con la mano. La decisión ya estaba tomada—. ¿Estás seguro?

—Piensa las cosas, Diego —advirtió su padre—, quizás te quieras ir a otro lugar.

—Está pensado. Te gustará, tía y a Ramón, también.

Javier se levantó de la mesa con el teléfono en la mano y salió hacia el comedor.

En aquel momento no le importaba nada. Volvió a quedarse en silencio. Estaba en una especie de cortocircuito. Quería desaparecer del mapa. Casi ausente, también se levantó de la mesa, pero se dirigió hacia el frigorífico y sacó una cerveza bien fría. Obvió la mirada de la tía Julia y la de su padre, hasta Asier se le quedó mirando, pero ninguno dijo nada.

Sergio no lo dejó solo en todo el día, tampoco sus hermanos. Trataban de animarlo, aunque no hizo caso a ninguno de los tres. Volvió a acostarse borracho y a amanecer con resaca. No recordaba qué había hecho en todo el día, pero tampoco le preocupaba, solo quería que pasase el tiempo y dejar de sentir aquel dolor en el pecho. Tampoco quiso pensar en las razones de lo que había pasado. No hurgar en la herida era como no saber. No quería saber nada. A mitad de tarde el alcohol se agotó, pero no tuvo reparos en llamar a una de esas empresas que traen cualquier cosa a domicilio, sin importar la hora, y pidió un par de botellas de whisky.

 El lunes desayunó con su hermano mayor. Asier llevaba muchos de los temas de dirección de la empresa inmobiliaria, junto a su padre. Era serio, responsable y aunque pudiera parecer frío, Diego sabía que lamentaba mucho su dolor, pero también que empezaba a cansarse de esa actitud derrotista. Así que no se sorprendió cuando le dijo que cogiera el toro por los cuernos y se enfrentara a la vida. Después se fue a trabajar y él se regresó a su cuarto. Se estiró en la cama y miró al techo, como el que no tiene nada qué hacer. Al rato alguien picó en la puerta.

—Déjame en paz, Sergio. Lárgate a tu casa de una puta vez.

—Soy yo, Diego —la voz de la tía Julia sonó tranquila ante su exabrupto.

Se incorporó en la cama y la hizo pasar.

—Disculpa tía, no estoy muy fino.

Se sentó en el borde del colchón y lo miró con fijeza antes de empezar a hablar.

—Yo también tuve una decepción —dijo y era lo que menos se esperaba. La tía tendría cincuenta y cinco años. Le había conocido diferentes parejas, pero desde hacía quince años, Ramón, ocupaba su universo. Sin embargo, no sabía que también tenía su pedacito de frustración—… Quizás por eso Ramón y yo no nos casamos, nos va bien como estamos. Cuando… Bueno, ya no importa. A mí me fue bien poner tierra de por medio. Marcharme y despejarme de la angustia. Volví renovada y con ganas de comerme el mundo.

—Mañana estaré mejor —respondió, no le apetecía hablar.

—Una botella nunca es buen lugar para esconderse —le dijo con reproche y él no fue capaz de mirarla a la cara.

—Vale tía, capto el mensaje.

Pero la tía Julia tenía una misión y no lo dejó hasta que no dijo todo lo que quería decirle.

—¿Crees que fue fácil para tu padre criaros, solo?

No esperó respuesta y continuó.

—Tu madre murió antes de la cuenta porque un maldito borracho se la llevó por delante. No creo que le agrade verte así.

No le gustó escuchar aquello, no quería sentirse culpable.

Él tenía diez años cuando ocurrió. Asier trece y Javier ocho. Su padre lo pasó mal y hacía malabares entre los niños, que eran unos trastos, las tareas escolares y la inmobiliaria.  Suerte a la ayuda de la tía Julia.

—Te agradezco el viaje que me regalas, pero…

—Mejor que alguien lo disfrute… Estoy bien, de verdad, en un rato salgo.

—Eso no es cierto. Mira, un sobrino de Ramón tiene un hotelito pequeño en Menorca. Lo acaban de abrir. Es un lugar encantador, tranquilo, con apenas gente. Podrías irte allí y poner tu mente y tu corazón en orden. He hablado con él, tiene habitaciones… Piénsalo. Aquí tienes el teléfono.

—Tía, no necesito esconderme.

—¿Y qué crees que haces desde el sábado a las doce y media?

El día se le hizo largo y extraño. Después de comer, Sergio se pasó a verlo.

—Estás hecho un asco —fue su saludo.

—Gracias —respondió con sarcasmo y se movió del sofá, donde estaba tumbado—. ¿Una cerveza?

Se levantó, trajo una para su amigo y otra para él.

—¿Y Javi? Pensé que estaría contigo.

—Había quedado.

—Qué cabrón, no deja pasar una.

—Mejor una mujer cada día, así no se acercan demasiado y te joden.

Sergio trató de animarlo, pero acabó explicándole cómo corrían los chismes por la oficina. Trabajaban juntos en la inmobiliaria de su padre. Asier era el jefe. Le contó que alguien había grabado la escena en la que tiraba las flores al suelo y su posterior huida de la iglesia. Lo había colgado en YouTube. Por lo visto la desgracia ajena seguía siendo motivo de risa para algunos, pero el masoquismo es parte de la condición humana y quiso ver las imágenes que de él rodaban por la red. No le gustaron.

Cayeron seis cervezas con Sergio y casi tuvo que echarlo para estar tranquilo porque no dejaba de decirle que no bebiera más.

Al cabo de una hora, decidió que necesitaba algo más fuerte y se tomó un gin tonic y luego otro, pero la mirada que su padre le dedicó cuando lo encontró tirado en el sofá le removió algo por dentro, incluso en aquel estado ebrio.

—¿Es qué has perdido la cabeza? ¿Así piensas superarlo?

—Déjame papá, no tengo ganas de sermones.

—Eliges mal camino, hijo. Tal vez deberías regresar al trabajo y estar ocupado en algo. Necesitas una ducha.

—Lo que necesito es olvidarme de todo. ¿Ya has visto el video?

Ni siquiera le contestó. Salió enfadado y Diego supuso que era para no decirle algo de lo que luego tuviera que arrepentirse. En el fondo no estaba tan bebido como para no darse cuenta de que los demás tenían razón. Pero no lo reconocería, que se fueran al diablo si no querían verlo así. Su carácter se había vuelto una mierda, pero tampoco le importaba demasiado.

Sin embargo, a las ocho de la tarde tomó una decisión. Cogió el número de teléfono que le dio la tía Julia, llamó al hotel y reservó una habitación. Compró un billete de avión hacia Menorca, sin fecha de regreso, para el último vuelo de la noche.

Justo cuando iba a embarcar, Sergio y su hermano Javier, aparecieron a su lado. Cada uno con una pequeña maleta.

—Nos ha costado averiguar dónde te habías metido —dijo Javier sentándose a su lado, casi exhausto por la carrera que parecía que se habían dado.

—¿Qué hacéis aquí?

—No íbamos a dejarte vivir solo una aventura.

Lo hicieron reír y eso parecía bueno. Solo faltaban ellos para embarcar y los tres se dirigieron hacia el avión. Sergio contó que Asier les había dado vacaciones para que lo acompañaran, con la condición de que en quince días lo hicieran regresar.

Llegaron al hotel bastante tarde. Javier había tenido la precaución de alquilar un coche, un Volkswagen Tiguan, blanco, que recogieron en el aeropuerto, pero se perdieron un par de veces hasta que con Mr. Google encontraron el lugar.

Apenas les dio tiempo a ver nada. Comieron unos sándwiches, que fue lo único que les prepararon y porque eran “familia” y se fueron a la cama. Sergio y su hermano compartían habitación, pero él disponía de una suitte para él solo, con excelentes vistas al mar de Cala en Bosc.  El hotel era una casona grande con siete habitaciones y la suya tenía una pequeña terraza con un jacuzzi. Javier al verla no dudó en decirle que con seguridad alguna noche se la cambiaba.

Cayó roto aquella noche. El arrullo del mar le ayudó a encontrar la paz que necesitaba.

A la mañana siguiente lo despertaron con insistencia. Sus planes eran salir de la cama lo más tarde posible, tumbarse en alguna hamaca, beber bajo una sombrilla y dejar pasar las horas, pero ni su hermano ni su amigo pensaban lo mismo.

Mientras desayunaban, el sobrino de Ramón pasó a saludarlos. Lluís, era un hombre sencillo, agradable, muy simpático y con pinta de gay. Algo que cayó por su propio peso al ver cómo le miraba el culo a Javier. Pero este ni se inmutó, aunque se lo dejó claro desde el principio.

—Lluís, no te ofendas, pero a mí lo que me van son las tetas, grandes a ser posible.

—No me ofendo, pero no pasa nada por mirar, ¿no?

—Bueno, aclaradas las cosas —bromeó Sergio—. ¿Qué se puede hacer por aquí? Apenas pude ver nada en la Web.

—Sí, es un poco desastre —respondió Lluís—. Pero pronto me la arreglaran. Con tanto trabajo para abrir lo dejamos un poco de lado. He contratado una empresa para que me ayude a mejorar la imagen. Amigos de Salva, el chef, que por cierto es mi socio y mi pareja —y esto lo dijo con sorna, mirando a Javier—. Creo que vais a estar muy solicitados. No es muy común ver a tres tíos como vosotros por aquí, sin pareja. Parecéis sacados de un anuncio.

—Yo estoy fuera de juego —dijo Diego sin demasiado entusiasmo.

—Ya…, me lo contó la tía —se justificó—. Aunque nunca se sabe. Un clavo saca a otro clavo.

Una chica vino a avisar a Lluís, tenía una llamada en su despacho. Javier le dedicó una sonrisa y ella se ruborizó. Antes de marcharse bajó la voz y dijo en confidencia.

—Esa sonrisa es matadora. Espero que no rompáis muchos corazones entre el personal femenino.

Dicho esto, se marchó. Terminaron de desayunar y aunque Diego alegó que quería quedarse en la piscina, no le hicieron caso y casi lo empujaron hasta el coche. Decidieron darse una vuelta por los alrededores y ubicarse. Javier y Sergio se disputaron quien conducía. Él no dio ninguna señal de que le apeteciera y se sentó en el asiento de atrás y perdió la vista en el paisaje que se deslizaba tras los cristales.

Pasaron todo el día de un lado a otro. En la playa, Sergio y Javi conocieron a unas chicas holandesas y pronto surgió la complicidad entre ellos. Les pidieron que les echaran crema solar y ellas no pusieron demasiados reparos. Cuando se acercaron a Diego este se levantó como si tuvieran algo que pudieran contagiarle y los amigos lo justificaron alegando que no estaba de buen humor. Buscó un bar y allí lo encontraron unas horas después. De ahí fueron a comer a un sitio que ellas propusieron. Se entendían en inglés, aunque la comunicación era lo que menos le importaba a ninguno de los cuatro, porque las miradas que se dedicaron dejaban muy claro las cosas. Diego comprendió que sobraba en aquella ecuación y lo irritó saber que habían ido para estar con él y a la primera de cambio se liaban con unas turistas.  Las chicas los acompañaron al hotel y mientras él dormía la mona, ya que no paró de beber en todo el día, en una hamaca de la piscina, ellos se repartieron las habitaciones. A la hora de la cena se marcharon las holandesas y pudo volver a su cuarto y tirarse en su cama, no sin antes decirles que eso no se iba a repetir. Pidió que le cambiaran las sabanas y no sintió culpa al saber que los dejaba arrepentidos por haberse olvidado de él.

Pasaron algunos días y casi siempre los acababa igual. Al principio le siguieron la corriente, pero después se hartaron de sus borracheras. A la semana de la no-boda, Javier y Sergio, lo acorralaron a la hora del desayuno.

—¿Piensas beber el resto de tu vida? —lo increpó su hermano con crueldad. Apenas había dado un sorbo al café.

No recibió bien la reprimenda y lo mandó a la mierda, pero ellos no se inmutaron. Siguieron metiendo el dedo en la llaga. Diego no había querido hablar de lo que le había pasado e intuía que era lo que los otros buscaban, tirarle de la lengua. Ya le habían dado bastante tregua y comenzaron con el tercer grado.

—¿Has pensado por qué te dejó plantado?  —preguntó Sergio, pero él lo obvió y miró para otro lado.

—¿No notaste que algo pasaba entre vosotros? —interrogó Javi—. ¿Había otro?

Ante su silencio Sergio se impacientó.

—¿Es que ahora no piensas hablarnos?

—¡Joder! Diego. No somos tus enemigos.

—Habla, tío. No te encierres, saca la mierda que llevas dentro.

Los miró exasperado. Estaban en una mesa en la terraza. No eran muchos huéspedes y la mayoría se marchaba casi a primeras horas de la mañana hacia la playa. Cerca, una única pareja desayunaba y parecía ajena a su conversación. Pero, así y todo, explotó.

—¡No, no, no! No sé por qué cojones me dejó plantado. No sé si había otro.

—A ver… Vosotros follabais, ¿no?

—¡Pues claro que sí…! Solo que…

No quería abrir la caja de los truenos. Sabía de sobras que nunca hubo pasión entre él y Miriam. Quizás se acabó el misterio, pero él la quería. Era su orgullo lo que estaba más herido. Sin embargo, no quiso pensar por qué eso le dolía más que su corazón.

—¡Dejadme en paz! —exclamó molesto—. No tengo idea de por qué me dejó. Llevaba días sin verla. ¡Si yo ni siquiera quería casarme por la iglesia! Lo único que sé es que unos días antes discutimos. Yo quería hacerlo y a ella le había dado por dejarlo hasta después de la boda, como si volviera a revirginizarse, yo que sé. De ahí pasó a su tema recurrente. Creía que yo estaba poco reconocido en la empresa de papá. Que Asier se llevaba los méritos y creía que debía dirigir mi propia oficina. Dijo que ella esperaba casarse con alguien con ambiciones. Y yo le dije que si eso creía se había equivocado de tío. No volví a verla. Me dejó porque era poco para ella.

—Si hubieras hablado con Asier o papá te habrían dado el puesto. Hace tiempo que insisten. Es verdad que te has acomodado.

—Yo estoy bien como estoy. Gano suficiente y bien sabes que es bastante.

—Has dicho “solo que”. Solo que, ¿qué? —interrogó Sergio y él lo miró con rabia. Se negaba a hablar de algo así con ellos.

Dejó pasar un silencio, pero le miraron como si esperaran que confesa la fórmula de la Coca Cola. Su hermano lo increpó y le dijo que tenía que analizar las cosas con frialdad para encontrar las respuestas y le creyó. Él quería a Miriam, tanto que le dolía el alma. Eso creía, aunque si lo pensaba con frialdad, algo no iba bien. Lo sabía desde hacía tiempo.

—No era divertida en la cama.

—¿No te la chupaba?

—¡Joder, Sergio!

—Mira, sin paños calientes. A los tíos eso nos encanta —se defendió.

Ahí estaba el gran problema. Miriam era muy suya, tenía sus cosas, que él respetaba, pero cuando se le cruzaban los cables lo castigaba en la cama. Pero no de una forma juguetona, que hasta podría ser divertida, sino sin sexo, como si fuera un niño al que se le prohíbe usar la play porque no ha hecho los deberes o caso a mamá. Así, con la perspectiva que le daban los días y su hermano y Sergio que le tiraban de la lengua para que hablara, entendió que su novia y él tenían un problema del que nunca habían hablado y le aterró pensar por qué razón le pasó por alto. ¿Qué pasaba con él? Que ella espaciara el sexo todo lo que podía, era una cosa, pero lo que empezó a preocuparlo era por qué se había acomodado a la situación. Además, ¿sería ese el tema por el que ella lo había abandonado? Estaba hecho un lío, aunque algo en su interior le dijo que el sexo quedaba fuera de la ecuación.  La pregunta que lo atormentaba seguía en el aire y sin respuesta. ¿Por qué esperó al día de la boda para dejarlo? Seguía sin entenderlo.

—Nunca fue santo de mi devoción y lo sabes —confesó su amigo—. Si es una mujer plana, por Dios. Apenas tiene intereses, no trabaja y cree que las revistas del corazón son literatura, pero oye, allá ella si quería vivir de papá y luego de ti. —Lo miró furioso—. Ya sé que te duele, pero creo que es lo mejor que te ha pasado. ¿Te ha dejado? Supéralo y ni se te ocurra dejarla volver.

—Estoy con Sergio —añadió su hermano, eran un frente contra él—. Espabila, hay muchas mujeres por ahí. Necesitas un buen polvo. Cuanto antes, mejor.

En ese momento el teléfono de Javier sonó y apaciguó la tensión que se había creado.

—Es Asier, seguro que está cabreado porque no le hemos llamado.

Javi se levantó y puso una distancia demasiado larga como para escuchar de qué hablaban. Sergio le dijo que debía tomarse las cosas de otra manera porque, si había elegido emborracharse todas las noches, él no pensaba dejarlo solo y su hígado no lo iba a aguantar. Tuvo que prometerle que lo intentaría.

Su hermano regresó con mala cara y supo que no traía buenas noticias.

—¿Le ha pasado algo a papá?

—No, papá está bien. Asier también.

—¿Entonces qué pasa? —preguntó Sergio— ¿Nos corta el grifo tu hermano?

—Miriam… se la encontró en la calle. Le dijo que se iba a ir fuera una temporada.

Por la mirada que le dedicó supo que había algo que no decía, pero no quiso saberlo. Una idea le rondaba la cabeza. Miriam no lo quería, por lo menos no lo suficiente como para considerar que necesitaría alguna explicación. Ni se había dignado a devolverle alguna de sus llamadas. Se recriminó seguir con su dolor si a ella le había costado tan poco abandonarlo. Pero es que dolía aceptar que no le quería.

El resto del día procuró portarse bien. Después de cenar, ellos quisieron salir de copas, por no decir de caza, pero él solo pensaba meterse en la cama y se despidió. Al pasar por el bar se compró una botella de whisky y se subió con la idea de darse un homenaje metido en el jacuzzi.

Con la vista perdida en la línea del horizonte lloró de rabia e impotencia, de dolor y de una lástima hacia sí mismo que lo desarmaba, pero algo en su interior lo sacudió. Se retiró las lágrimas con las dos manos. Él no era aquel hombre débil que lloriqueaba porque le habían hecho daño. Él había sido fuerte, decidido, hasta chulo en sus buenos tiempos. Recuperaría su seguridad y autoestima. Se prometió que no volvería a llorar por ninguna mujer, cogería de ellas lo que le apeteciera. Con esa promesa a la luna ni siquiera necesitó terminarse la botella para caer rendido. Se metió en la cama con la idea de que Miriam moría para él aquella noche de San Juan.

Si te ha gustado y quieres saber quien es Martina, cómo es su encuetro con Diego y qué les depara el destino te animo a clicar en el enlace de compra.  Te adelanto que está llena de emociones y sentimientos. Y ya sabes, puedes compartir, comentar, opinar en tu plataforma habitual. Te lo agradeceré hasta el infinito.

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CASA DEL LIBRO

cor Nuria Rivera

LECTURAS DE EMMA J. CARE

Estos días he leído una historia muy conmovedora. Hice un alto en mi propia escritura y caray, me atrapó enseguida; tanto que no pude quedarme con el primer libro de la autora, tuve que leer el siguiente para saber cómo concluía la historia. Se trata de El sabor del último verano y El filo hilo de la mentira de Emma JCare. Aquí os dejo mi opinión. Y si no los conocéis, os los recomiendo. Es una historia conmovedora, tierna, con una intriga familiar y unas subtramas apasionantes.

EMMA J.CARE

EL SABOR DEL ÚLTIMO VERANO 

 Es una novela que narra un primer amor. La relación que nace entre dos jóvenes: Tina y Pablo, en la Galicia de sus abuelos. Sin embargo, ya desde las primeras páginas una descubre cómo la autora va dejando migas, como si de pan se tratara, y perfila una historia de intriga familiar (en el fondo es la historia de dos familias) que te atrapa y quieres saber más. La forma, el modo, cómo la autora narra la historia es lo que engancha desde el principio para querer saber qué pasó y qué pasará.

Me ha gustado mucho Emma J. Care con esta novela; su voz no te deja indiferente y, confieso, que ha sido de esos libros que, sin querer, se van quedando en la lista de pendientes porque otro lo adelanta. Decidí empezar El sabor del último verano y luego El filo hilo de la mentira (2ª parte) y ha sido todo un acierto para leer la historia de un tirón.

La lectura es amena y ágil. Está armonizada con pedacitos de canciones, muy apropiadas para el momento que viven los protagonistas. Es una trama que tiene romance y suspense. Un Pablo que confiesa que es un romántico y lo muestra. Te gana el corazón en sus primeras escenas. Me ha sorprendido porque, aunque está centrada en los protagonistas y narrada en primera persona cuando el punto de vista es el de Tina, te muestra la constelación familiar y no necesitas que te lo explique de otra manera. Recomiendo su lectura.

EL FINO HILO DE LA MENTIRA

Novela llena de emoción y sentimientos, con claroscuros, con luces y sombras. Es la continuación de El sabor del último verano. La historia comienza trece años después. Y siguiendo el estilo de la predecesora vemos que la autora nos deja migas de pan y nos atrapa en su trama de intriga familiar, pero también en la personal de la protagonista, Tina. Una mujer que está caída, y no sabemos por qué, pero que con unas cuantas pinceladas la autora nos muestra su conflicto y se centra en la relación con Pablo, su amor de juventud; para a través de ella incluir otras relaciones, otras subtramas. La intriga viene de mano de la abuela.  El encuentro con la casa familiar levanta los fantasmas de Tina y sobre todo el hallazgo de un diario que lo cambia todo. Para mí hay dos historias centrales: la de Pablo y Tina y la de la abuela de Tina. Quizás incluiría una tercera, hacia el final. Un personaje que es todo un homenaje… aquí me quedo con esto no quiero hacer spoiler. Alrededor de ellas circulan las tramas secundarias que dan consistencia a la historia.  Me ha gustado mucho la descripción de los parajes, casi he podido ver ese acantilado, la playa, la cueva, he olido el aroma de las plantas, el mar. He visto Galicia a través de los ojos de la autora y sobre todo me he emocionado. Es una historia preciosa de amor, de dolor, de rencor, de superación. Una historia que tiene varios temas candentes y que Emma describe sin regodearse en lo truculento, pero sin pasarlo por alto. Excelente documentación histórica.

cor Nuria Rivera

 

Anuncio: próximo lanzamiento.

Me emociona anuniciaros que el próximo 1 de junio saldrá  a la venta mi tercera novela: LA PASIÓN DORMIDA. Finalista del VIII Certamen de novela romántica Vergara-RNR y publicada de la mano de Selección – BdeBooks de Penguin Random House Grupo Editorial.

En breve os contaré más cositas de momento os dejo la portada y su sinopsis.

La pasion dormida - Nuria Rivera

Sinopsis.

Algunos encuentros dejan una huella imborrable.

Diego no puede creer que su novia lo plante en el altar sin explicación. Tras varios días de borrachera se va a Menorca a lamerse las heridas. Su hermano Javier y su amigo Sergio no lo dejan solo. No quiere nada con las mujeres. Para él cuanto más lejos, mejor. Hasta que ella se acercó.

Martina ve la oportunidad de su vida cuando su jefe le encarga la campaña publicitaria de un hotel en Menorca. Acompañada de Irene, su mejor amiga, vuela a la isla sin saber que su vida dará un giro de ciento ochenta grados.

Un mal comienzo une a Diego y Martina, aunque la amistad que surge entre sus amigos los obligará a mantenerse cerca. La atracción los atrapa e inician un romance apasionado, pero cuando él se va sin despedirse ella se siente traicionada.

Un año después la casualidad cruza sus caminos. No se han olvidado y la pasión dormida despierta. Sin embargo, el pasado también regresa para cambiarlo todo.

¿Será su amor tan fuerte como ellos creen?COR CON NR

 

Recomiendo leer. A un beso de perderte de Raquel Mingo

Sinopsis51X7fBfxHAL._SY346_

A veces para curar tu alma rota solo hacen falta unos besos con sabor a confianza.

Lariel nunca imaginó que cuando asistiría a aquella fiesta benéfica en el Waldorf Astoria en lugar de sus padres su vida cambiaría para siempre. De ser una niña mimada que lo tenía todo -una carrera, una familia estupenda, un prometido guapo y con dinero, y un futuro prometedor en el mundo de la música- pasó, en cuestión de horas, a ser la esclava sexual de un depredador, un loco, un asesino, que no dudaría en usarla una y otra vez para su placer, en nombre de un amor sucio y corrupto.

Jassmon no podía creerlo. Aquella joven que le devolvía la mirada desde la fotografía que sujetaba con dedos trémulos no era otra que la que le tenía obsesionado desde hacía meses. Y ahora que por fin disponía de un nombre que ponerle al rostro se enteraba de que estaba desaparecida, probablemente muerta.

Pero él no encabezaba los periódicos cada semana como uno de los hombres más poderosos del mundo sin motivo. Iba a encontrarla, porque esa muchacha dulce, alegre y valiente se le había metido dentro como ninguna otra, y nada ni nadie sería capaz de arrebatarle a la mujer de sus sueños.

Descubre cómo es posible enamorarse en el desierto de Arabia, incluso perseguidos hasta la extenuación, enfrentados a tormentas de arena, en una lucha constante por salvar la vida, y sin poder fiarse de nadie, a través de una historia desgarradora, repleta de coraje, lealtad y cómo no, amor en estado puro.

Comentario

Intensa y tierna a la vez

A un beso de perderte es una historia dura y terrible. No solo por lo que le ocurre a la protagonista, sino por la dificultad que representará para ella poder superarlo, conviviendo con las graves cicatrices de su alma y rehacer su vida sin sentir miedo. Pero a pesar de la dureza del tema, la autora se sirve de recursos como la ironía y diálogos cargados de realismo que le dan a la historia veracidad y a la vez cierto desahogo de la tensión que una va acumulando a lo largo de sus páginas. La lectura me ha absorbido mucho, he viajado y sufrido con Lariel, creí saborear la arena, me ha faltado el aire por la persecución y he ansiado que un rayo le cayera al malo. La tensión narrativa no se pierde, siempre pasan cosas. Felicito a la autora, no solo por el increíble trabajo de documentación, sino por la sensibilidad y por ese protagonista masculino, Jassmon, que, si bien está muy cargado de testosterona desde el principio, lo que siente por ella es puro y eso hace que pueda ayudarla y sufrir con ella. Es un personaje redondo con su propio bagaje psicológico y la dureza que muestra a veces es su modo de defenderse. Me han parecido muy bien descritos los momentos traumáticos, las crisis, la frustración de querer y no poder… Recomiendo este libro y a esta autora porque sus libros no te dejan indiferente ante las pulsiones, obsesiones y el fondo -bueno y malo- del ser humano.

Si lees esta novela y te gusta la autora, estoy convencida de que también te atrapará Para hacer contigo lo que quiera. Un romance histórico donde los sentimientos se desgranan poco a poco  y se muestra, más que se dice, la transformación de los sentimientos del protagonista. Algo que es muy de agradecer. El marqués de Rolagh está movido por la venganza, pero las cosas no serán como él las ha pensado.  Lo que comienza siendo una cosa se convierte en otra. Un giro sorprendente y que sin duda te dará qué pensar .

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Recomiendo leer: Isabel Jenner y Begoña Gambín.

LA GEEK Y EL HIGHLANDER  (serie Tecléame Te quiero 1) de Isabel Jenner

51wDmGWOZlL._SY346_Sinopsis:

Un apuesto highlander entrenado solo para la batalla… Una tímida joven experta en ordenadores… ¡Y unos juegos de las Tierras Altas repletos de tecnología en plena Escocia del siglo XVIII!

El verano ha llegado al norte de Escocia. En un año más tendrán lugar los juegos de las Tierras Altas, donde los hombres del clan MacLaine probarán su destreza y su coraje, y en los que Duncan MacLaine siempre ha resultado vencedor. Sin embargo, una novedad en las pruebas hará que el diestro guerrero tema sufrir una deshonrosa derrota frente a sus oponentes. Se han introducido competiciones de realidad virtual e informática, y Duncan solo sabe de espadas y duro entrenamiento físico.

La aparición de una extraña muchacha, Dallas Sterling, dará un nuevo giro a la vida del highlander, puesto que la joven está dispuesta a enseñarle sus amplios conocimientos tecnológicos a cambio de un pequeño favor…

Lo que Dallas desconoce es que, pocoa poco, irá conquistando a Duncan hasta que lo más importante para él en esos juegos sea ganar su corazón.

Nota de la autora: Todas las novelas de la serie «Tecléame te quiero» pueden leerse y disfrutarse de forma independiente.

Comentario:

La geek y el highlander es una novela diferente y especial. La autora te hace entrar en situación a través de la introducción; luego, ya en la línea seis del primer capítulo te suelta algo así como ordenadores de sobremesa y sin darte cuenta entras en la historia y aceptas todas sus licencias. Aunque, he de decir, que descoloca un poco cuando en tu mente estás en un lugar bucólico con ese pedazo de highlander y le suena el móvil. Algunas escenas y sus imágenes me han sacado más de una sonrisa y carcajada. Es una novela muy bien escrita y documentada, con unos personajes encantadores (de esos que si pudieras te llevabas a casa). Duncan es un encanto de hombre, a pesar de su rudeza de guerrero tiene un corazón muy tierno y es capaz de ver en Dallas algo que los demás no han visto. La historia de Dallas y Duncan es muy bonita y romántica. Solo tengo palabras positivas para este libro y lo aconsejo mucho porque su lectura es ágil, fresca, animada y entretenida. Yo he tardado tres ratos en leerla y no podía parar de hacerlo, estaba intrigadísima. Necesitaba saber si la misión que tienen desde el inicio se cumplía y qué iba a pasar. Es el primer libro de una trilogía, pero que puede leerse de forma independiente. Además, Isabel Jenner nos pone los dientes largos y nos muestra una pequeña pincelada del siguiente. Felicidades Isabel.

Ya está disponible en plaformas digitales Enlazados (Serie Tecléame Te quiero 2). Promete mucho!!

EL DILEMA DE ELSA de Begoña Gambín

Sinopsis:51newxVWYuL

Si te atreves a conocer la historia de Elsa y Adam experimentarás una amalgama de sentimientos que no te dejarán impasible.

Cuando Elsa descubrió que su novio la engañaba con una amiga y decidió irse a trabajar a Inglaterra, no contaba con que iba a convertirse en el objeto de obsesión del propietario y cirujano jefe del hospital que la había contratado.

Adam lleva dos años vengando la infidelidad de su ex en todas las mujeres, pero algo se remueve dentro de él ante la visión de la nueva enfermera y no puede evitar que le provoque un torbellino de emociones.

Anímate a descubrir la historia de Elsa y Adam.

¿Quieres celos? Los tienes, por supuesto.
¿Deseo? Quizá demasiado.
¿Pasión? De la que quema.
¿Odio? Unas gotitas, para que no envenene demasiado.
¿Humor? Un montón.
¿También quieres algún secretillo? ¡Concedido!
¿Desconfianza? La hay.
¿Amistad? De la mejor.
¿Decepción? ¡Qué le vamos a hacer!
¿Amor? ¡Cómo iba a faltar el amor!

Comentario:

La lectura de El dilema de Elsa me ha llevado, como dice la autora, a una montaña rusa de emociones. La historia nos muestra a dos personas que se encuentran y cada uno tiene en su haber un desengaño por lo que esto marcará la interacción que establecen.

Elsa es una mujer que quiere sobreponerse a lo que le ha ocurrido, toma decisiones importantes para salir de su malestar y lo consigue, por una parte, a la entrega hacia su trabajo de enfermera, pero también con tesón y la confianza que va recuperando. Sin embargo, en esa nueva vida que inicia, se cruza con el Dr. White que la desconcierta.

Adam, el Dr. White, es un hombre atormentado por un pasado que le ha hecho modificar sus creencias hacia las mujeres y que no se permite olvidar. Cree que todas las mujeres están cortadas por el mismo patrón. Sin embargo, el encuentro con una de sus enfermeras lo desestabiliza. La pasión y deseo que le despierta se ve truncado con la resistencia que él levanta. Su comportamiento con ella es ambivalente lo que confunde a la enfermera.

Es una novela contada en tercera persona con un narrador focalizado en el personaje que se mete en sus pensamientos más íntimos y nos muestra el porqué de los comportamientos de cada uno. Hay amor, celos, pasión, momentos tiernos y divertidos. Es una novela en la que te alegras por las decisiones y te hace enfadar casi por el mismo motivo. Que cuando crees que va por un sitio te sorprende con un giro. Me ha gustado mucho la relación de amistad con Paula, esa amiga que todos quisiéramos tener, y después con Lorena. Ese decir sin decir para que el lector llegue a sus conclusiones hasta que nos lo muestra.

Si tuviera que poner un “pero…”, diría que en algunos momentos me parecía estar leyendo una novela de época, como esas de regencia, no un romance actual, por la construcción y descripción de algunas escenas y por como el personaje femenino se deja llevar por lo que siente y acata lo que quizás no desea, pero acepta movida por el amor que siente. Adam, por su lado, se muestra duro, distante y antipático al inicio, pero se va cociendo en su propio caldo hasta que ha de aceptar sus verdaderos sentimientos.

El dilema de Elsa me ha gustado y lo recomiendo. Es de esas novelas en la que se ve cómo el amor salva a las personas y las hace mejores.

 

¿Por qué leer novela romántica?

pixabay cor papel address-book-2152429__340En todas las disciplinas, como en las familias, existe la hermana/o pobre. Esos parientes que no han sido agraciados con la fortuna, belleza, gracia y demás dones que la sociedad entiende como bien.

En medicina, esa hermana pobre son todos esos malestares que dan poco rédito a las farmacéuticas y se investigan poco, por lo que sus tratamientos aparte de difíciles se hacen costosos para sus afectados. Pero en ese cajón de sastre también se encuentran la psiquiatría (por lo menos hace años) y la psicológica. Hay quien sigue pensando que somos puros charlatanes. Una vez una mujer me extendió su mano y me preguntó cómo la veía… En fin, quiero pensar que eso era por la ignorancia. Estaréis pensando (valga la redundancia) que la psiquiatría tiene un excesivo gasto farmacéutico por lo menos a las arcas de la Seguridad social, pues sí. Se investiga mucho y cada año salen nuevos fármacos, más milagrosos que los anteriores, para la depresión y ansiedad (hay que satisfacer la excesiva demanda). Sin embargo, a la enfermedad mental (como a la vejez) no se la quiere demasiado, es desagradable, no queremos verla. Quizás, sin querer proyectamos que quizás algún día estemos ahí… Bueno, interesante, pero este no es el tema.

En la literatura la hermana pobre es la novela romántica. Si escribes novela romántica siempre hay alguien que se atreve a soltarte: “No es verdadera literatura”. Ah, ¿no?

En el DEL (Diccionario Español de la Lengua- RAE, Real Academia Española) en su edición del tricentenario y actualizada en 2017 se define el concepto Literatura de la siguiente manera:

Del lat. litteratūra

  1. f. Arte de la expresión verbal.
  2. f. Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género. La literatura griega. La literatura del siglo XVI.
  3. f. Conjunto de las obras que versan sobre una determinada materia. Literatura médica, jurídica.
  4. f. Conjunto de conocimientos sobre literatura. Sabe mucha literatura.
  5. f. Tratado en que se exponen conocimientos sobre literatura.
  6. f. coloq. palabrería.
  7. f. Mús. Conjunto de obras musicales escritas para un determinado instrumento o grupo instrumental. Literatura pianística.
  8. f. desus. Teoría de las composiciones literarias.

 

Quizás esas personas se quedaron con la 6. acepción “palabrería” (un término coloquial). Se saltan muy rápido la 1ª, 2ª y 3ª (por supuesto la 4ª y 5ª). Eso de que la literatura es el “Arte de la expresión verbal”, “Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género” y “Conjunto de obras que versan sobre una determinada materia. Literatura médica, jurídica” y yo añado romántica.

Veamos qué dice el DEL sobre lo que es romántico

romántico, ca

Del fr. romantique.

  1. adj. Perteneciente o relativo al Romanticismo o a sus modos de expresión.
  2. adj. Seguidor del Romanticismo o de sus modos de expresión. Apl. a pers., u. t. c. s.
  3. adj. Sentimental, generoso y soñador. U. t. c. s.
  4. adj. Propio de la persona romántica o sentimental.

 

Es cierto que hoy día escribir lo hace cualquiera. Véase la cantidad de libros que se publican al año. Pero escribir, lo que se dice escribir, no es tan fácil y no, no lo hace cualquiera. Para hacerlo hay que tener una serie de características. Como ser jefe, líder, chef o ama de casa. Que mandar y organizar podemos hacerlo todos, pero hacerlo bien es otra historia y al fin, lo que importa.

Por lo general en novela romántica la mayoría de autores son mujeres. Esa podría ser una de las causas por las que la novela romántica tiene tan baja categoría, vamos que es la hermana pobre. Y es que con el machismo hemos topado. Sé de autoras que para publicar tuvieron que “esconder” su condición de mujer para que se las tomara en cuenta. Otras veces se tilda de literatura femenina o novelas para mujeres (o cosas peores) como si estuviéramos frustradas. Pudiera parecer que escribir novela romántica es porque no puedes escribir otra cosa. Pues no. Yo elijo escribir novela romántica. A ver si ahora que Wonder Woman está por ahí repartiendo caña con su látigo de la verdad en la Liga de la justicia se nos tiene un poco más en cuenta. No sé en qué espejo se miraron los mandatarios para creer que ellos, los hombres, eran mejores en todo. No quiero entrar a elucubrar sobre la composición de ninguna junta directiva, jurado, premiado o demás porque es desolador. Si las mujeres podemos traer los hijos al mundo y sabemos gobernar una casa podemos hacer lo que se nos ponga por delante… (eso decía mi abuela, pero la mujer no pasó de ser una ama de casa).

Bueno, está claro que me voy del tema. No quiero hablar de machismos y feminismos, para eso ya tenemos los telediarios y las redes sociales.

A la novela romántica se la llama también novela rosa. Supongo que es así porque existe la novela negra (que tampoco tiene el calificativo de literatura por algunos críticos, esa es la verdad, y menos aún la novela de género, la fantástica). Décadas atrás en España tuvimos una gran mujer, prolífica escritora, que llegó a ser la más leída, según dicen después de Cervantes. Hablo de Corin Tellado. Esta mujer abrió una brecha por donde se colaron otras autoras que también brillaron con más o menos luz y podría decir que sembró las bases de lo que hoy es la novela romántica. Escribió también fotonovelas (un gran fenómeno y con muchas lectoras que las telenovelas dejaron a un lado años después), literatura infantil y otras obras. Aunque su paso a la historia, como sabemos, fue gracias a las novelas rosa. Aquellas novelas eran muy románticas, de amor cortes y nada de descripciones explícitas del acto. Los protagonistas se acariciaban la mano, se rozaban con sus dedos y ahí una miríada de sentimientos entre el deseo y lo que podría suceder, explotaba en los corazones.

Corin Tellado hacía suspirar… luego los suspiros han cambiado y la literatura romántica se ha soltado el pelo.

Mi pregunta es ¿Por qué leer novela romántica?

Yo misma me respondo. ¿Por qué no?

La mayoría de historias retratan una relación, fabulada o fantaseada, real o realista, heart-2902953__340entre dos personajes (femenino y masculino, dos femeninos, dos masculinos) de situaciones más o menos cotidianas y en las que el conflicto principal gira entorno a la pareja protagonista, a su relación amorosa y romántica. Pueden ser tramas actuales, fantásticas, soñadoras, ficticias, llenas de humor o carga emocional y abarcan diferentes subgneros: históricas, contemporáneas, westerns, eróticas, paranormales, fantasticas… Se habla de relaciones, sentimientos, amor, erotismo, romanticismo y se construye una trama que entretiene al lector hasta el final de la historia. Un final feliz, siempre.

De la misma manera que sabemos que en la novela negra hay un asesinato, un crimen y su investigación. En la novela romántica hay amores y desamores y un conflicto a resolver que acabará bien (el final feliz es imprescindible). Todo ello condimentado con un argumento y subtramas que se entrelazan para dar más consistencia a la historia.

Parece ser que si leemos y escribimos novela romántica somos la hermana pobre, algo así como unas mindundis porque claro, lo divino, lo brillante, lo que realmente importa, lo que vende es escribir un Best seller (dónde la acción es trepidante), construir sagas familiares con o sin herencia a repartir, intrigas políticas, casos de investigaciones secretas de los gobiernos y complejas tramas que no entiende nadie en vez de algo tan banal como los sentimientos. Total, de eso ya tenemos en casa.

Las pasiones más importantes del ser humano son el amor y el odio (lo pulsional). Las pulsiones se dividen en dos categorías: pulsión de vida y pulsión de muerte. Desde el psicoanálisis hablamos de pulsión de vida, Eros, a las pulsiones sexuales, de autoconservación, del yo. Aquellas que se dirigen a conservar y a unir. En contrapartida las pulsiones de muerte, Thanatos, son aquellas pulsiones agresivas y de destrucción hacia uno mismo o su entorno. Estas pulsiones Eros/Thanatos se consideran opuestas, pero a la vez complementarias. Es decir, no todos los actos son de amor u odio puros, sino que hay un poco de ambos en cada uno.

Con este sencillo esquema que acabo de mostrar las novela negra o rosa o literatura en general tienen la base de las tramas. En todas las novelas hay una historia de amor/odio: entre amigos, entre amantes, entre verdugo y víctima, entre un mundo y otro.

La novela romántica sirve para entretener, pero también nos hace pensar y sentir (como siempre debería hacer un libro). Entre sus páginas hay verdaderos tesoros de descripción de las relaciones humanas con sus pros y contras, sus virtudes, fortalezas y miserias. Hay verdaderas joyas de historia detrás de la vida de unos personajes. La novela romántica es algo más que unos besos y el amor entre protagonistas, eso que esta tan desvalorado en estos tiempos.

Quizás lo que ocurre con la novela romántica es como aquel anuncio de Tónica Schweppes que decía: Si no te gusta es porque la has probado poco.

COR CON NR