No llores, princesa

HEADER TWITTER NO LLORES, PRINCESA

 

No llores princesa - Nuria RiveraSinopsis

Dicen que de una boda siempre sale otra… y esto encontraremos en esta apasionante novela romántica de Nuria Rivera.

Mar y Enric no saben el efecto que producirá en ellos una noche de pasión inesperada. Cuando vuelven a encontrarse no podrán reprimir el deseo que sienten el uno por el otro.

Mar acude a la boda de su mejor amiga con el corazón roto. Necesita olvidar a Mat, que la ha engañado. Allí encuentra a Enric, un primo del novio, y pasan una apasionada noche de sexo. Pero Mat no está dispuesto a retirarse.

La casualidad hace que Mar y Enric se encuentren y sin darse cuenta se enamoraren. Sin embargo, las interferencias de sus exparejas sembrarán dudas en su relación y los pondrá a prueba. Los fantasmas de Mar se hacen realidad y su historia se repite. No puede soportarlo. Otra vez engañada, y con el sentimiento de humillación revoloteando a su alrededor, se marcha lejos para superar su dolor, olvidar a Enric y comenzar otra vida.

Pero el inmenso amor que sienten hará que descubran que no pueden vivir separados; sin embargo, tendrán que superar los obstáculos que otros se empeñan en poner en su camino, para distanciarlos, en su propio beneficio.

No llores, princesa (Amazon)

No llores, princesa (Google play)

QUOTE 7 NO LLORES, PRINCESAcor Nuria Rivera

Rosa María Calaf: “Quien más te impresiona son las personas anónimas”

Reblogueando desde: Resistencia Literaria: Rosa Maria Calaf.

Resistencia Literaria

Sábado, 02-03-2019          Mayte Bonilla Castro

Nos acompaña hoy una de las mejores corresponsales que hemos tenido en este país, Rosa María Calaf, para hablarnos de su trayectoria profesional.

Empezaste estudiando Derecho, ¿de dónde vino la vocación periodística?

Fue casual. Yo hice Derecho, no porque fuera a ejercer de abogado, sino porque quería hacer la carrera diplomática. Lo que siempre tuve muy claro era que quería estar fuera. En las entrevistas cuento siempre que tuve la suerte de tener una familia que en aquella época en España, en los años 50, me empezaron a enviar a estudiar fuera los veranos. A una niña sola… Ahí mi padre -mi madre también, pero sobre todo mi padre- fue un hombre de una gran visión. Luego los idiomas, me pusieron a estudiar francés desde los seis años y cuando abrieron el Instituto Americano, también fui. Esto no lo dejaré nunca…

Ver la entrada original 1.554 palabras más

Antología de Relatos Románticos San Valentín 2019. Varios autores.

51nlxc2iggl Hoy, 14 de febrero, San Valentín,  ha salido publicada esta Antología de Relatos que reune a más de 50 autoras y autores de la Editorial Selecta de Penguin Random House.

Entre ellos encontrarás el mío: AMOR BAJO UN PARAGUAS.

Son relatos cuyos protagonistas son secundarios de otras novelas del autor/a. Secundarios que quizás pasaron de puntillas por una novela o tuvieron un lugar destacado, pero que ahora tienen sus propia historia.

Lo más bonito de este libro es que es un REGALO de SELECTA para ti lector, lectora, por tu apoyo y confianza. Sí, su DESCARGA es GRATIS!

download-1915753_960_720DESCARGA GRATUITA ANTOLOGIA RELATOS ROMÁNTICOS SAN VALENTÍN

Nuestro deseo es que disfrutes de estos textos igual que nosotras/os hemos disfrutado con el proyecto y que hemos cuidado y trabajado, casi contra reloj, para que estuviera listo para ti, hoy; en el día mundial del amor y la amistad.

Puedes conseguirlo aquí, yo te indico el link de Amazon pero lo encontrarás en todas las plataformas digitales

#somosselecta #leeconpasión #relatosrománticossanvalentín

FELIZ SAN VALENTÍN. DISFRUTA DEL AMOR TODOS LOS DÍAS!!

cor Nuria Rivera

Antología SELECTA. San Valentín 2019. Varias Autoras

Una Antología llena de amor 💖 Un trabajo lleno de ilusión

solo DÍAZ DE TUESTA

¡Feliz San Valentín 2019!

Antología SELECTA. San Valentín 2019 Antología SELECTA. San Valentín 2019

Descárgala GRATIS

Llega esta segunda colección de relatos románticos sobre los personajes favoritos de las lectoras para disfrutar de esta fecha tan especial.

¡Celebra San Valentín con Selecta!

Son muchos los personajes secundarios que nos roban un trocito del corazón y nos dejan con ganas de saber qué fue de ellos. También hay muchas parejas de nuestras historias favoritas de las que nos encantaría saber algo más de su vida. Pues todo eso y mucho más es lo que podréis encontrar en esta antología de relatos cortos escritos con cariño, llenos de pasión, sentimiento y dulzura y con un romántico final feliz.

Eros, San Valentín, Cupido… no importa cómo lo nombremos, el amor aparece en algún momento de nuestras vidas.

Hay veces en que cuesta alcanzarlo; otras, está a un simple suspiro, y muchas veces no es fácil reconocer lo que…

Ver la entrada original 208 palabras más

Antología SELECTA de Relatos Románticos. Varios autores.

51nlxc2igglLlega esta segunda colección de relatos románticos sobre los personajes favoritos de las lectoras para disfrutar de esta fecha tan especial.

¡Celebra San Valentín con Selecta!

Son muchos los personajes secundarios que nos roban un trocito del corazón y nos dejan con ganas de saber qué fue de ellos. También hay muchas parejas de nuestras historias favoritas de las que nos encantaría saber algo más de su vida. Pues todo eso y mucho más es lo que podréis encontrar en esta antología de relatos cortos escritos con cariño, llenos de pasión, sentimiento y dulzura y con un romántico final feliz.

 

DESCARGA GRATUITA AMAZON

DESCARGA GRATUITA EN ME GUSTA LEER

Eros, San Valentín, Cupido… no importa cómo lo nombremos, el amor aparece en algún momento de nuestras vidas.

Hay veces en que cuesta alcanzarlo; otras, está a un simple suspiro, y muchas veces no es fácil reconocer lo que se siente.

Como sea, el cosquilleo llega, las mariposas en el estómago se liberan y la pasión nos envuelve.

Y eso es, en definitiva, el amor en su estado más puro.

Enamórate con los más de 50 relatos que autoras y autores de Selecta han escrito para ti.

Entre ellos encontrarás el mío: Amor bajo un paraguas.

¡¡Pasa la voz!!

Antología de Relatos Románticos San Valentín 2019.

cor Nuria Rivera

Balance de un año de escritura

clock-3837039__340Se acaba el año y tengo ya el 2019 cargado de buenos propósitos. Sin embargo, antes de que suenen las campanadas quiero hacer una especie de balance de este que se acaba.

El 2018 nació para mí con sentimientos encontrados. Por un lado, estaba feliz porque mi segunda novela: Algunas mentiras se publicaba el día 5 de enero y, todavía, no me había recuperado de todas las emociones que me habían agitado el corazón, 6 meses atrás, al publicar por primera vez y entrar en la gran familia que es Selecta. Mi vida había virado hacia una nueva profesión (sin dejar de lado la que ya tenía) y yo me autorizaba a llamarme escritora. Me había formado mucho para estar satisfecha de mis escritos, para dominar las técnicas narrativas, las leyes de la escritura. Escribir ya no era solo una afición, sino algo muy serio a lo que consagraba mi tiempo libre, en detrimento de mi familia que llegó a entender y aceptar mis ausencias a reuniones y salidas.

Ese gran esfuerzo lo vi recompensado al quedar finalista con la novela: La pasión dormida en el certamen de Vergara-Rincón de la Novela Romántica 2017 y que se publicaría en junio de 2018.

Decía que el inicio del año tuvo para mí sentimientos ambivalentes y es que la vida es puñetera y, cuando no lo esperábamos, mi familia recibió un revés. Mi suegra nos dejó de madrugada, en silencio, sin hacer ruido. Su corazón se paró porque ya lo había dado todo. Y me queda la satisfacción de verla reír cuando le explicaba esta aventura de escribir y su curiosidad cuando le hablaba de las personas que había conocido.

El ecuador del año me trajo una nueva publicación. La pasión dormida vio la luz y asistí a la presentación de Selecta en la Feria de Novela Romántica en Benicàssim. Qué encuentro, qué entorno tan bonito frente al mar, qué bien lo pasé, cuánta gente conocí. Me quedo con las risas, y un montón de fotografías, además de la emoción por hacerme con el premio a la mejor presentación.

El verano llegó, y las vacaciones, y viajé por el sur a ciudades con las que me siento unida por la familia que tengo allí y también por la amistad que ha puesto en mi camino a algunas escritoras. Marion S. Lee fue una gran cicerone por su ciudad, Cádiz. Sin ella, estoy convencida, no hubiera visto ni la mitad de los lugares, turísticos y de tapeo. Que no solo de cultura se vive.

Septiembre trajo el encuentro de Selecta y fue un momento interesante de aprendizaje, de presentaciones de libros de compañeros de editorial, de risas con las amigas en el hotel de concentración. De mini ruta turística con Lucía de Vicente. Madrid tendrá siempre para mí el sabor de mi primer bocata de calamares y pisar la puerta del Sol.

Antes de acabar el año, en noviembre, tuvo lugar el fallo del IX Certamen Vergara y he tenido el gran honor de quedar finalista, con una novela histórica. Todo un reto para mí, ya que hice un cambio de registro. Finalista, se dice pronto, llegar a ese lugar ya es un premio y un privilegio; aunque no mentiré, me llevé un sabor agridulce porque por segunda vez me quedé a las puertas (junto a la gran Yolanda Díaz de Tuesta). No hay mucho triunfo para las segundas, solo me queda perseverar.

Y llego a este último día del año con la ilusión de que el próximo es como una hoja en blanco, en el que tengo algunas líneas escritas. En el primer trimestre se publicará mi cuarta novela: No llores, princesa. Un romance contemporáneo cuyo escenario es Barcelona, como siempre en mis historias, y en el que un encuentro causal será el motor de una romántica historia de amor entre una abogada y un cirujano. Entre Mar y Enric.

Y… hasta aquí puedo leer…

Tengo más proyectos: Otra novela que verá la luz a lo largo del nuevo año: Tres días y una vida, un romance con un punto de misterio e intriga. Y pretendo seguir escribiendo y pensando historias, como algún relato para las Antologías de relatos románticos que proyecta Selecta (por San Valentín y en verano) y en la que ya he tenido el honor de participar estas navidades con el escrito: Un encuentro inesperado por Navidad.

De todo este año que termina me quedo con los momentos bonitos con las amigas, con las risas compartidas, con la generosidad de ayudarnos. Me guardo el tiempo con mi familia, pequeños y grandes instantes alrededor de una mesa, con una copa de vino en la mano, una cerveza, una coca cola, un buen helado o una tarta de hojaldre y chocolate. Me guardo los paseos por la playa al atardecer, de la mano de mi marido. Me guardo las charlas recordando a aquellos que ya no están y nos lo dieron todo. A los que sigo echando de menos todos los días.

 Pero le tengo ganas al Nuevo Año, la de aventuras que me aguardan. Espero que 2019 me traiga otras sorpresas, cumpla otros deseos, quizás algunos sueños perseguidos vean la luz… Nunca se sabe qué pasa con los sueños, yo los persigo porque solo así pueden alcanzarse.

¡¡¡¡Feliz y Próspero 2019!!!!

Diapositiva1(1)

Antología de Relatos Románticos. Navidad 2018. Varios Autores.

516RUsin9XL    Esta Antología es el resultado del trabajo desinteresado y generoso de muchas autoras/es y personal de Selecta de Penguin Random House Grupo Editorial. Y me alegra poder decir que tengo el honor de formar parte de ella.

Es el resultado de la ilusión y una idea que creció como la espuma y que se ha materializado a marcha forzada para poder tenerlo en nuestros dispositivos en un tiempo record. Además, ES GRATIS!!

Sí, desde cualquier plataforma se puede acceder a él y su compra es de 0,00 Euros. No te lo pienses y esta Navidad regala amor, regala, ilusión, regala lectura.

Aquí te dejo el enlace a la página de Me gusta Leer (de PRHGE) donde podrás acceder a la Antología de Relatos Románticos. Navidad 2018: para que estas navidades sean mágicas… y elegir comprar (recuerda a 0,00 euros) en la plataforma que más te guste (clicando en e-book-epub): Amazon, Google Play, Apple Books, Tagus de Casa del Libro, Rakuten-Kobo de Fnac https://bit.ly/2T1y2DQ

Es Una maravillosa colección de relatos románticos de los personajes del año de Selecta para celebrar estas fechas tan especiales.

¡Un regalo para todas las lectoras de Selecta!

Son muchos los personajes secundarios que nos roban un trocito del corazón y nos dejan con ganas de saber qué fue de ellos. Os invitamos a conocer su historia de amor en esta antología de relatos cortos escritos con cariño, llenos de pasión, sentimiento y dulzura y con un romántico final feliz.

Blancas navidades, frío que cala los huesos, decoraciones alusivas, el típico muérdago, anécdotas, navidades distintas… Época de unión, de amistad, de dar y recibir, de amor…

La Navidad tiene ese guiño de magia que hace que todo sea posible. Y cuando la imaginación vuela y las palabras se plasman en historias que nos llevan a sentir el encanto de esta fecha tan especial, nada es imposible.

Por eso, desde Selecta, queremos haceros llegar esta recopilación de relatos navideños donde encontraréis algunos personajes o lugares que solo pudisteis disfrutar de pasada en algunas de las novelas publicadas por el sello.

Esta Navidad es la oportunidad para conocerlos más.

 

FELIZ NAVIDAD!!

Diapositiva1

Santa y el pequeño Blai.

NADAL

Santa y el pequeño Blai. Con mis mejores deseos. Feliz Navidad!!

Aquel corredor, donde se aguardaban las noticias de familiares y amigos, era todo lo que un lugar de espera no debería de ser: desangelado, con paredes blancas y frías; en las que ni siquiera un cartel de silencio decoraba la sala. Ni una sola planta que con su colorido diera una pizca de alegría. Casi escondida, una máquina de supuestas delicias, con sus casilleros medio vacíos y unas sillas de plástico incómodas, que recorrían el prolongado pasillo, era todo el mobiliario del lugar.

Fuera de allí, la ciudad y los comercios vestían sus mejores galas para recibir los días navideños. Pero en la gélida estancia parecía que el tiempo se había congelado y solo la cadencia del tintineo de una campana se filtraba como el aire por las rendijas de las ventanas.

El pequeño Blai, con ojos curiosos, buscaba el origen de tan peculiar sonido. Quería levantarse, investigar quien osaba perturbar el silencio de tan respetable sitio, pero no se atrevía. Su madre, sentada junto a él, agarraba su mano con fuerza, mientras sollozaba en silencio; quizás en la creencia de que él no se daba cuenta.

Nadie le había explicado qué hacían allí, pero él lo sabía.  Hacía un buen rato que habían llegado la abuela y sus tíos; incluso uno que hacía tiempo que no veía, porque su papá y él se habían disgustado. Eso se lo había escuchado decir a la otra abuela, pero ella ya no estaba; aquel verano se había ido al cielo. Y la echaba tanto de menos. Con ella habría podido hablar de lo que ocurría. En sus recuerdos encontró una de sus últimas charlas: «Observa a tu alrededor y las cosas te dirán qué pasa». Y en eso estaba. Miraba las caras afectadas de sus familiares, que desde los asientos de enfrente los contemplaban, a él y a su compungida madre, con vistazos disimulados, con muecas lastimeras, con pena en sus labios. Por un momento quiso gritarles y pedirles que sonrieran. Su papá siempre le decía que no le gustaban las caras tristes.

La melodía pareció acercarse por el pasillo, como si cruzara a otro recinto y aprovechó el descuido de su madre que aflojó su agarre para buscar algo en su bolso. Liberándose se levantó con prisa y se separó unas pocas zancadas.

—¡Blai! —gritó esta, en un susurró cortante, a la vez que estrujaba un pañuelo entre los dedos—. No puedes marcharte.

—Solo quiero ver a Papá Noel, no he podio darle mi carta.

—Déjalo ir, está aquí mismo —señaló el tío, casi un desconocido. Él era pequeño la última vez que lo vio.

Corrió por el pasadizo en busca del tintineo y encontró un cruce de caminos. Agudizó el oído, giró a su izquierda y en pocos pasos encontró una pequeña sala. Sin embargo, un poco más allá, unas puertas acristaladas se abrieron y salieron dos mujeres apesadumbradas. No lo dudó y entró, su papá estaría allí dentro. Sorteó un mostrador muy grande, donde una chica miraba el móvil; la musiquilla de un villancico la distrajo de su presencia y él pudo revisar, uno por uno, los pequeños cubículos que se distribuían en la pieza. Encontró a su padre en el último y su estampa lo asustó. Dormía; sin embargo, algunos cables lo ataban a varias máquinas, incluso tenía un tubo que hacía mucho ruido. Así era imposible descansar. Se le acercó sin miedo. A pesar de todas aquellas cosas, parecía muy plácido. Tenía los brazos sobre las mantas y agarró su mano como cuando paseaban por el parque. De un impulso se subió al colchón e inclinado sobre su oído le susurró.

—Papá despierta, es Nochebuena y mañana Navidad. Nos esperan los regalos en casa y has de hacer que mamá deje de llorar. —Lo zarandeó un poco y susurró conteniendo la emoción. Él no lloraba, ya era mayor—. Despierta. No te puedes quedar aquí solo.

Le dio un beso en la mejilla y lo notó frío. Quiso arroparlo mejor, pero alguien lo interrumpió.

—¡Ey! No puedes estar aquí.

La joven del mostrador lo había descubierto. Sin mediar palabra, Blai se escabulló y salió corriendo. Se refugió en la sala que había visto antes.  Al cruzar la puerta observó que el sitio era más bonito que donde su madre y él esperaban; para su sorpresa estaba lleno de gente; le parecieron duendes por sus ropas verdes o batas blancas. Sentado en una butaca, Papá Noel sostenía un vaso que alguien le entregaba y, de la humeante taza, salió un aroma que le recordó al chocolate caliente que los domingos desayunaba.

—¡Eh, Santa! —oyó llamar a alguien—. Quizás el crío no tuvo tiempo a entregar su carta.

—¿Qué haces aquí, pequeño? —preguntó el hombre orondo de barba blanca.

Al instante varios pares de ojos lo contemplaron; algunos con sonrisas en sus rostros, otros con censura en sus caras, pero nadie le dijo nada. Por unos segundos sus pupilas se clavaron en los iris azul cielo del hombre vestido de rojo que, tras un sorbo, había abandonado la bebida caliente sobre una mesa. Su mirada era tan clara como las aguas cristalinas del mar al que su padre lo llevaba. Si no fuera imposible hubiese dicho que le brillaban y sintió que el nudo que había en su pecho se aflojaba.

Un poco nervioso, sacó un papel arrugado de su bolsillo y miró al hombre con vacilación y duda; no sabía si entregarle aquel pliego que atesoraba y había escrito con prisa en el reverso de una propaganda. Blai, a pesar de la valentía de sus siete años, sabía que su letra no era bonita, ni que así se hacían las cosas. Quizás su padre se enfadaba. Lo habían esperado tanto tiempo en los grandes almacenes que cuando su madre recibió aquella llamada, que la puso tan nerviosa, tiró de su mano y no pudo entregar su lista de deseos. Sin embargo, ya no quería nada de aquello: Ni el barco de piratas, ni el camión de los cars. Ni siquiera aquel ridículo traje de Spiderman o el guante que lanzaba telarañas. Solo quería que su papá despertara.

La mano enguantada que lo invitaba a acercarse le dio el coraje que le faltaba y al llegar junto al hombre, con un rápido movimiento, este lo agarró por la cintura y lo sentó en su regazo.

—¿Qué te preocupa jovencito?

—No he podido dejar mi carta…

—Pero eso no es problema —señaló una simpática mujer que llevaba un gorro verde—. Puedes decírselo al oído a Santa.

 De pronto toda la gente que allí se congregaba dejó lo que hacía, un extraño pitido sonaba en algún lugar y como si fuese la sirena de su colegio, que anunciaba el fin del recreo, aquellas personas se marcharon apresuradas.

El viejo de barba blanca no se inmutó y le dijo que le explicara qué le pasaba. Blai sabía que tenía poco tiempo. Santa tenía que marcharse a repartir regalos, pero él no iba a entretenerlo mucho, solo pediría un único deseo.  Le contó al oído lo que sabía, no quería que viera que una lágrima le caía por la mejilla al acordarse de su papá. Un señor con un coche lo había atropellado, tenía un fuerte golpe en la cabeza y algunas costillas rotas; sin embargo, a pesar de los cables y el tubo que había visto, lo que más lo asustaba era que no pudiera despertar. Santa asintió con la cabeza, él le entregó el papel arrugado y, como si recordara algo, se bajó de sus rodillas y salió disparado. Su madre lo estaría buscando.

No se había equivocado. Al final del pasillo la divisó, parecía alterada. Se arrodilló para recibirlo y se le abrazó asustada.

—¿Dónde te habías metido? Nos han llamado. Eres tan pequeño aún, pero papá… papá ha despertado.

—¡Mamá… que ya soy grande!

El tintineo de una campana se acercó hasta ellos. Blai vio pasar a Papá Noel que, sin detenerse, siguió su camino con su inseparable saco al hombro. Entonces lo vio, un papel le caía al suelo y corrió hasta él. Al recogerlo lo reconoció: era su carta arrugada.

—¡Eh! —gritó sin saber qué decirle a Santa.

Sus miradas se cruzaron y de nuevo aquel brillo en sus ojos, azul claro, lo sobrecogió.  El hombre levantó una mano, como si fuera un soldado y saludara con dos dedos, le guiñó un ojo y con una gran sonrisa se despidió, a la vez que hacía sonar su campana.

—¡Ho-Ho-Ho… Feliz Navidad!

Diapositiva1

Nota de la autora: Este cuento está inscrito en Safe Creative bajo el  Código de registro: 1812169348232

 

EL TREN. Cuento de Navidad.

IMG_0019La estación estaba abarrotada de gente que arrastraba pequeñas maletas. En sus caras se reflejaba la emoción contenida y las ganas de alejarse del trabajo y la rutina por unos días, para escapar a otras estancias o impregnarse del calor familiar y el cariño que alrededor de una mesa, vestida para la ocasión y bien surtida, podía circular.

Un fuerte silbido anunció la inminente salida.

Todos corrían, menos un joven de rictus serio y pesaroso. Sus hombros parecían acumular el cansancio de toda una vida. Al entrar al vagón tropezó con un padre y un hijo que se abrazaban con el amor que ha sido cincelado con los años, sin fisuras, sin rencores. Sin querer, se fijó en el pequeño objeto que el joven retenía en su mano y apartó de su mente un recuerdo de infancia que lo sobresaltó. Guardó su equipaje, se acomodó en su asiento y evitó cruzar su mirada con los otros ocupantes del compartimento. Todavía no había salido y ya se arrepentía de aquel viaje. Buscó en sus bolsillos la carta que en un arrebato le hizo pensar, que esta vez, todo sería diferente. La releyó de nuevo. Aunque ya sabía lo que decía. “No dejes que el tiempo alargue esta distancia que nos separa”. Trató de congraciarse con la decisión tomada y se entretuvo en observar, cómo detrás de la ventana, el paisaje cambiaba de perfil y color. El blanco de las montañas nevadas se dejaba adivinar y se le antojó que el frío se había adueñado del valle a la vez que de su corazón.

Frente a él, una madre amamantaba a su hijo ante la mirada embelesada de su esposo que no perdía detalle y jugueteaba con las manitas del niño que se enredaban en el cabello de la mujer. Se dejó arrastrar por la nostalgia de otro tiempo y con la cabeza apoyada en el cristal se imaginó años atrás cuando regresar era motivo de alegría e ilusión. Cuando la culpa no anidaba en su pecho.

 Adormilado, fue testigo de cómo la niebla invadía el valle y fue engullendo en sus fauces grises los árboles que con más frecuencia mostraban sus copas blancas. La espesura lo invadió todo y le pareció flotar en una autopista hacia el cielo.

Lo sobresaltó el silbato del tren y supuso que cruzaban el puente que conectaba las montañas. Ya se acercaba a casa. Pero aquel sonido le pareció distinto, como un eco extraño. Miró hacia su asiento contiguo. Un niño, con un trenecito en sus manos, jugaba a su lado. La madre le dedicó una mirada apurada y le pidió al niño que no lo molestara, mientras que el padre desplegaba un diario, como si no fuera con él, y escondido tras las hojas le guiñaba un ojo al hijo. Buscó con la mirada al bebé, pero no había señales de él. Ofuscado no pudo evitar preguntar y el niño muy envalentonado le dijo que él no era un bebé, ya tenía cinco años.

Sin deseos de preguntar de nuevo, volvió a adormilarse. Imaginó un reencuentro y deseó ser como aquel joven abrazado por su padre en la estación, como ese niño al que su padre miraba con ojos llenos de amor. Deseó poder escribir de nuevo su historia, lejos de enfados y recelos, lejos de un orgullo tonto que lo había separado de su familia.

Se perdió en sus pensamientos, pero no quería dormirse y decidió que le vendría bien estirar las piernas. Se levantó y se dirigió al vagón restaurante, donde un camarero con ojos cansados, le sirvió un chocolate caliente. Regresó a su compartimento y por el pasillo se cruzó con un joven que caminaba con prisas. Encontró el lugar vacío, el trenecito estaba olvidado en su asiento y lo cogió. Jugó con él entre sus manos y observó que era una pieza antigua, casi de coleccionista.

El silbato volvió a sorprenderle. En vano esperó a la familia y supuso que habrían bajado en la estación anterior a la suya. Recostado en el sillón, cerró los ojos, no sabía cómo iba a enfrentarse a los suyos. ¿Qué podía decirles después de tanto tiempo?

El tren entró en la estación y la niebla decidió dar una tregua. Al mirar por la ventana vio un cielo claro y soleado. Los primeros pasajeros ya habían descendido. La visión de la alegría en sus caras, lo conmovió. Se abrazaban a sus seres queridos y las risas dibujaban sus rostros de paz interior.

Cogió su equipaje con desgana, nadie habría venido a recogerlo y le quedaba un buen camino hasta la casa familiar. No supo qué hacer con el trenecito que había encontrado, pero lo atesoró en su mano como si la fuerza que necesitaba para descender del vagón emanara de aquella pieza.

Por un instante se sintió perdido en el andén. La algarabía iba muriendo a medida que la gente se alejaba hasta la salida de la estación. Cabizbajo emprendió el camino hacia ella, cuando una voz grave lo sobresaltó. Frenó sus pasos ante el dueño de aquel llamado. Se vio envuelto de pronto por unos brazos que lo sostenían con fuerza y no pudo evitar dejarse caer en ellos. El hielo de su pecho se deshizo ante aquel calor. Al separarse, con el único asidero del trenecito en su mano, observó a un hombre lloroso que lo miraba emocionado.

─Veo que conservas el tren de cuando eras niño.

Supo entonces que en ocasiones las palabras que más desea uno escuchar son esas que no hace falta que se digan, porque un abrazo es lo único que se necesita para cerrar las heridas del corazón.

La melodía de un viejo villancico, en las voces de unos niños, resonaba en la estación dando la bienvenida al viajero. Una sincera sonrisa se dibujó en su rostro y con voz emocionada y enternecida saludó:

—¡Feliz Navidad!

Diapositiva1

 

*El tren forma parte de una antología de cuentos registrado en Safe Creative con el Código de registro: 1712155105378

 

Diapositiva1

Reblogueando: Desde el blog de solo Díaz de Tuesta: 06 Derivas literarias: Finalista del IX Certamen del PREMIO VERGARA -> GRADOS DE PASIÓN — solo DÍAZ DE TUESTA

Nunca mejor dicho. Game over, Díaz de Tuesta, si quieres algo, vuelve a empezar, bonita. Una vez más, me he quedado ahí, a las puertas de la victoria. Yo ya bromeo con el hecho de que, a estas alturas, se me puede considerar finalista profesional del Premio Vergara. Porque, aunque seguramente ya nadie lo recuerda […]

a través de 06 Derivas literarias: Finalista del IX Certamen del PREMIO VERGARA -> GRADOS DE PASIÓN — solo DÍAZ DE TUESTA