Balance de un año de escritura

clock-3837039__340Se acaba el año y tengo ya el 2019 cargado de buenos propósitos. Sin embargo, antes de que suenen las campanadas quiero hacer una especie de balance de este que se acaba.

El 2018 nació para mí con sentimientos encontrados. Por un lado, estaba feliz porque mi segunda novela: Algunas mentiras se publicaba el día 5 de enero y, todavía, no me había recuperado de todas las emociones que me habían agitado el corazón, 6 meses atrás, al publicar por primera vez y entrar en la gran familia que es Selecta. Mi vida había virado hacia una nueva profesión (sin dejar de lado la que ya tenía) y yo me autorizaba a llamarme escritora. Me había formado mucho para estar satisfecha de mis escritos, para dominar las técnicas narrativas, las leyes de la escritura. Escribir ya no era solo una afición, sino algo muy serio a lo que consagraba mi tiempo libre, en detrimento de mi familia que llegó a entender y aceptar mis ausencias a reuniones y salidas.

Ese gran esfuerzo lo vi recompensado al quedar finalista con la novela: La pasión dormida en el certamen de Vergara-Rincón de la Novela Romántica 2017 y que se publicaría en junio de 2018.

Decía que el inicio del año tuvo para mí sentimientos ambivalentes y es que la vida es puñetera y, cuando no lo esperábamos, mi familia recibió un revés. Mi suegra nos dejó de madrugada, en silencio, sin hacer ruido. Su corazón se paró porque ya lo había dado todo. Y me queda la satisfacción de verla reír cuando le explicaba esta aventura de escribir y su curiosidad cuando le hablaba de las personas que había conocido.

El ecuador del año me trajo una nueva publicación. La pasión dormida vio la luz y asistí a la presentación de Selecta en la Feria de Novela Romántica en Benicàssim. Qué encuentro, qué entorno tan bonito frente al mar, qué bien lo pasé, cuánta gente conocí. Me quedo con las risas, y un montón de fotografías, además de la emoción por hacerme con el premio a la mejor presentación.

El verano llegó, y las vacaciones, y viajé por el sur a ciudades con las que me siento unida por la familia que tengo allí y también por la amistad que ha puesto en mi camino a algunas escritoras. Marion S. Lee fue una gran cicerone por su ciudad, Cádiz. Sin ella, estoy convencida, no hubiera visto ni la mitad de los lugares, turísticos y de tapeo. Que no solo de cultura se vive.

Septiembre trajo el encuentro de Selecta y fue un momento interesante de aprendizaje, de presentaciones de libros de compañeros de editorial, de risas con las amigas en el hotel de concentración. De mini ruta turística con Lucía de Vicente. Madrid tendrá siempre para mí el sabor de mi primer bocata de calamares y pisar la puerta del Sol.

Antes de acabar el año, en noviembre, tuvo lugar el fallo del IX Certamen Vergara y he tenido el gran honor de quedar finalista, con una novela histórica. Todo un reto para mí, ya que hice un cambio de registro. Finalista, se dice pronto, llegar a ese lugar ya es un premio y un privilegio; aunque no mentiré, me llevé un sabor agridulce porque por segunda vez me quedé a las puertas (junto a la gran Yolanda Díaz de Tuesta). No hay mucho triunfo para las segundas, solo me queda perseverar.

Y llego a este último día del año con la ilusión de que el próximo es como una hoja en blanco, en el que tengo algunas líneas escritas. En el primer trimestre se publicará mi cuarta novela: No llores, princesa. Un romance contemporáneo cuyo escenario es Barcelona, como siempre en mis historias, y en el que un encuentro causal será el motor de una romántica historia de amor entre una abogada y un cirujano. Entre Mar y Enric.

Y… hasta aquí puedo leer…

Tengo más proyectos: Otra novela que verá la luz a lo largo del nuevo año: Tres días y una vida, un romance con un punto de misterio e intriga. Y pretendo seguir escribiendo y pensando historias, como algún relato para las Antologías de relatos románticos que proyecta Selecta (por San Valentín y en verano) y en la que ya he tenido el honor de participar estas navidades con el escrito: Un encuentro inesperado por Navidad.

De todo este año que termina me quedo con los momentos bonitos con las amigas, con las risas compartidas, con la generosidad de ayudarnos. Me guardo el tiempo con mi familia, pequeños y grandes instantes alrededor de una mesa, con una copa de vino en la mano, una cerveza, una coca cola, un buen helado o una tarta de hojaldre y chocolate. Me guardo los paseos por la playa al atardecer, de la mano de mi marido. Me guardo las charlas recordando a aquellos que ya no están y nos lo dieron todo. A los que sigo echando de menos todos los días.

 Pero le tengo ganas al Nuevo Año, la de aventuras que me aguardan. Espero que 2019 me traiga otras sorpresas, cumpla otros deseos, quizás algunos sueños perseguidos vean la luz… Nunca se sabe qué pasa con los sueños, yo los persigo porque solo así pueden alcanzarse.

¡¡¡¡Feliz y Próspero 2019!!!!

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