MADAME BOVARY. Reseña y análisis psicológico.

Por la extensión del tema y para facilitar la lectura dividiré el texto en dos partes.images44

  1. Reseña y análisis psicológico de MADAME BOVARY[1] (Este punto es una adaptación del artículo Madame Bovary, retrato de la histeria.[2] escrito por mí y publicado en una revista psiconalítica)
  2. Trastornos mentales en el siglo XIX y literatura.

¡¡Atención!! Este artículo incluye Spoilers de la novela.

Madame Bovary es una de las grandes obras del siglo XIX, elevada a la categoría de clásica. Su autor, Gustave Flaubert, hace un retrato social y costumbrista de la época, y narra la búsqueda de un “algo más” de su protagonista, Emma Bovary que movida por una gran insatisfacción en su vida enferma de los nervios.

Se podría decir que, junto a Emma, Anna Karenina de Tolstoi y Ana Ozores (La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”) incluso Eloísa de Lo prohibido de Benito Pérez Galdós son las principales protagonistas del adulterio femenino en la literatura.

Para el presente artículo voy a centrarme en Madame Bovary. En él pretendo relacionar lo que le pasa a la protagonista con sintomatología psicológica y emocional, así como la enumeración o descripción de los tratamientos psicoterapéuticos utilizados en el siglo XIX para tratar las enfermedades nerviosas, que pueden resultar variopintos y que hoy nos resultan un tanto absurdos, agresivos y hasta ineficaces.

  1. MADAME BOVARY. Reseña y análisis psicológico.

Madame Bovary  fue escrita en 1856, época en la que la psiquiatría y la psicología no eran tal y como las conocemos y las enfermedades de los nervios eran básicamente tratadas por el médico de turno y/o un neurólogo. Sin embargo, la proliferación de usuarios de sanatorios, manicomios, centros hospitalarios y atención domiciliaria para tratar estas dolencias era significativa, sobre todo del sexo femenino. Por otro lado, también hay un aumento de enfermedades y dolencias extrañas (por la falta de lesión física) exclusivas de las mujeres que eran diagnosticadas de: vapores femeninos, neurastenia, histeria, sobrecarga de emociones… y cuyos tratamientos, en el mejor de los casos, era reposo, cama y sales aromáticas.

La novela de G. Flaubert: Haciendo un resumen vemos que está dividida en tres partes:

  1. Abarca los primeros nueve capítulos. Arranca en los años de estudio de charles Bovary y se describe el ambiente familiar en el que está inmerso. Cuando aparece Emma en escena el autor se dedica a su estudio psicológico y a las decepciones de su vida conyugal.
  2. Corresponde a los quince capítulos siguientes. Se centra en la evolución psicológica de la protagonista al conocer a su primer amante, Rodolphe. El ritmo es lento, aunque parece avanzar en los planes de fuga de los amantes y vuelve a enlentecer en el fracaso de la huida.
  3. Últimos nueve capítulos. Se centra en las relaciones de Emma con su segundo amante, León. Una verdadera luna de miel. Es hacia los tres últimos capítulos cuando la acción se precipita hacia su desenlace.

Como decía, la trama principal es el adulterio. La novela se inicia en los años de estudio de Charles Bovary cuando llega al colegio. Esa es la primera escena que tenemos con uno de los protagonistas y se narra en primera persona del plural. Parece ser que es un dato autobiográfico del autor quien quiso aportar un dato histórico y sensación de realismo. Charles recibe una educación espartana por parte de su padre y acoge la frustración de la madre, que abandonada emocionalmente por su marido se dirigió al hijo en busca de satisfacción. Soñó posiciones elevadas e hizo todo lo posible por darle estudios. Su misión no se basó solo en buscarle qué estudiar, sino que va más allá. Le busca la mujer que le conviene y ve en la viuda rica (primera esposa de Charles) a la mujer ideal.

La primera esposa es mucho mayor que él y Charles al casarse imaginó ser libre y poder hacer sus deseos, lejos del deseo de su madre, pero se equivocó y pronto su esposa empezó a dirigirle la vida tal como había hecho su madre.

El destino quiere que su mujer fallezca y él con el tiempo decide contraer matrimonio con Emma a quien había conocido estando aún casado en una visita domicilia para atender a su padre y de quien se enamoró profundamente. Emma por su parte cree estar enamorada, él es apacible, de poco entusiasmo y sin ambiciones, pero que la ama profundamente y está dispuesto a agradarle en todo y consentirle lo que desee.

Al principio Emma está contenta, pero pronto su fantasía se dispara y empieza a ser tanhomepage_MadameBovary_2015_1 poderosa su imaginación que vivirá a través de ella. Empieza a pensar que no tomó la decisión acertada al casarse con un médico rural. Su matrimonio no es todo lo romántico que deseaba y se imagina como sería su vida con otros hombres.

—¡Dios mío! ¿Por qué me habré casado?

Se preguntaba si no habría medio, por otras combinaciones del azar, de encontrar a otro hombre; e intentaba imaginarse aquellos acontecimientos no ocurridos, aquella vida distinta, aquel marido que no conocía. Pues no todos eran como este. Tal vez hubiese sido un hombre guapo, atractivo, como lo eran sin duda los que se habían casado con sus antiguas compañeras de colegio. ¿Qué estarían haciendo en ese momento? (pp129)

La idea romántica de Emma era la que había leído e idealizado en sus novelas de adolescencia. Ahora leía a Blazac, a George Sand “Emma buscaba satisfacciones imaginarias a sus apetencias personales”, inventaba personajes, establecía comparaciones entre su mundo real y el imaginario.

Ella había sido educada en un convento, donde llenó sus vacíos emocionales con historias románticas; desea vivir como en las novelas, su propia insatisfacción la hace enfermar, tan pronto estaba exaltada como su estado anímico se tornaba depresivo. Le diagnosticaron una enfermedad nerviosa y le aconsejaron marchar a otro lugar. (pp151).

Cansada de su vida rutinaria y campesina se deja envolver por los sueños y las fantasías de otra realidad, la del lujo y vida parisina. Da a luz una hija, Berthe, a la que no hace mucho caso. Ella había deseado un varón, la idea del niño era como una revancha a sus impotencias pasadas. Empujada por un deseo de una vida más refinada y romántica, buscando el consuelo que no encontraba, se entrega a extravagancias, a los brazos de amantes, a caprichos de poseer objetos de valor. Es esa adicción compulsiva la que la lleva a endeudarse y llegar a su propia perdición y la de su familia. Antes de reconocer su error, sin importarle nada, ni padre, ni esposo, ni hija se envenena con arsénico y se dice esperando el final.

«Es poca cosa la muerte, voy a dormirme y todo habrá terminado» (pp397)

Emma Bovary. Síntomas de enfermedad nerviosa y tratamiento.

Flaubert escribió Madame Bovary en el mismo año del nacimiento del padre del psicoanálisis. El año en el que murió, en 1880, Sigmund Freud está iniciándose como médico y aún distaba unos años de sus primeros escritos pre-psicoanalíticos. Por tanto, no hay contemporaneidad entre estos dos autores y Flaubert no está bajo la influencia de la nueva técnica terapéutica. Pero podemos encontrar en su novela muchas descripciones de sintomatología psicológica, psicosomática y nerviosa —que se recogen bajo el epígrafe de la histeria—  que, en aquella época, tenía unos tratamientos variopintos. La hidroterapia, la electroterapia, los masajes, friegas frías o calientes y la cura de reposo de Weir Mitchell, eran algunos de ellos.

Como dato importante hay que señalar que el padre de Flaubert era médico. Por tanto, está familiarizado y es un gran conocedor de las enfermedades. Prácticamente se había criado en un hospital y eso le ayuda a describir con pluma brillante los síntomas nerviosos que padece Emma y nos da un amplio abanico de sus comportamientos cercanos a la histeria que siempre son catalogados y definidos como enfermedad nerviosa.

Sintomatología de enfermedad nerviosa y tratamiento:

El siguiente listado pretende enumerar sintomatología de enfermedad nerviosa (repito, por lo general padecidos por mujeres, aunque también había algunos hombres, más cercanos a la hipocondría. Remito al lector a Lo prohibido de Benito Pérz Galdós) con sus tratamientos en la segunda mitad del siglo XIX, todos ellos narrados en la novela.

¿De qué padecía Emma?

Palidecía, tenía palpitaciones, irritabilidad, cambios en su estado de ánimo, empezaba cosas que no terminaba nunca, las abandonaba para pasar a otras, no parecía contenta, perdía el placer que en otro momento le daban las actividades como el cuidado de su hija o la casa, tenía frecuentes desmayos, en alguna ocasión escupió sangre. Se aficionó a las compras compulsivas, se volvió caprichosa y extravagante.

  • “Palidecía y tenía palpitaciones” → toma valeriana y baños de alcanfor.
  • “De una charla febril propia de exaltaciones le seguían periodos depresivos en los que quedaba sin hablar ni moverse” → lo que la reanimaba era friegas en los brazos con un frasco de agua de Colonia.
  • Padecía Tos → se atribuye la causa a una influencia local y piensa en trasladarse a otro lugar.
  • Bebe vinagre → para adelgazar.
  • Insatisfacción por su vida cotidiana, no es, ni tiene, lo que desea → se endeuda en compras compulsivas (el gasto es un consuelo, acerca su mundo a la vida parisina que anhela).
  • Su frustración marital y sexual también le genera malestar e irritabilidad → La mediocridad doméstica la impulsa a fantasías de lujos, la ternura matrimonial a deseos adúlteros.

Emma justifica sus reacciones llorosas, nerviosas y desesperadas como consecuencia de sus nervios. Hoy día podríamos decir que era su insatisfacción y la no correspondencia entre lo que tenía y lo que quería lo que le genera su sintomatología. Una criada la compara con una conocida y le dice que le pasa como a ella y esa bruma que tiene en la cabeza los médicos no podían hacer nada, ni el cura tampoco.

2. Tratamientos para enfermedades nerviosas en el siglo XIX:

Algunos sanatorios estuvieron envueltos en polémicas debido a las prácticas terapéuticas utilizados con los pacientes.

La hidroterapia “curación por medio del agua” podía llegar a ser una verdadera tortura. El paciente recibía un chorro de agua helada sobre su cabeza o cuerpo. La conmoción resultante tenía por objeto apartar las ideas fijas o ilusiones que pudiera albergar el/la enfermo/a. El efecto purificador del agua limpiaba, además, el cuerpo del paciente de cualquier exceso malsano. Otras versiones incluían baños de vapor o la inmersión en bañeras en agua fría durante un tiempo determinado.

hidroterapia y electroterapia

Departamento de hidroterapia del hospital Pere Mata (Reus), arriba a la derecha electroterapia 

Electroterapia es el tratamiento mediante la electricidad. Solía usarse para cefaleas, dolor de muelas, actitudes nerviosas. Los efectos de la electricidad son: Efecto analgésico en dolores de origen nervioso, antiinflamatorio, potenciación neuromuscular, térmica, mejora del transporte de medicamentos, disminución del edema, control del dolor, tratamiento de lesiones dérmicas, mejora la sanación de las heridas y otros más.

Si se exaltaban podían ser atados con esposas, cadenas o cuerdas a la cama o sillas. O recibir golpes como si así se le pudiera sacar del cuerpo las ideas delirantes.

El láudano era un medicamente de elección para tratar el insomnio y el estrés (muchos pacientes acababan convirtiéndose en adictos al Opio)

Enfermedades diagnosticadas a mujeres:

Enfermedades-de-mujeres-1-1Ser mujer en el siglo XIX y querer salirse del patrón establecido por la sociedad podría generar el diagnóstico de alguna de las siguientes enfermedades:

Vapores femeninos: diagnóstico difuso para referirse a desmayos, cambios de humor síndrome premestrual. Incluso el deseo de votar de las sufragistas se catalogó como un desorden nervioso propio de enfermos mentales à la cura y tratamiento se basaba en reposo en cama, administración de sales aromáticas que reconfortaran el espíritu.

Neurastenia: Termino usado desde 1800 para definir cuadros de ansiedad vaga, fatiga, depresión y palpitaciones. La causa era atribuida al estilo y ritmo de vida. Según los médicos este ritmo alteraba de forma insoportable a las mujeres.

Histeria: al igual que la neurastenia, se consideraba una enferemdad causada por lashisteria1 tensiones de la vida provocada por la sociedad moderna y cursa con unos síntomas muy variados: desfallecimientos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración anómala, trastornos de ansiedad, nerviosismo, deseo sexual y lubricación vaginal que eran curados por masajes pelvicos dados por un médico hasta que la mujer tenía una exaltación a base de convulsiones que le seguían una relajación (os sonará, ¿a que se parece mucho a un orgasmo?). Y es que muchos problemas relacionados con la histeria tenían su causa en problemas de alcoba. Unas de las características principales de la histeria era la insatisfacción e infelicidad con que las mujeres vivían sus vidas y ello les provocaba sintomas de ansiedad combinados con comportamientos depresivos.

Locura: podía variar desde grandes desórdenes mentales a padecer síntomas menores como que la mujer presentase “inquietud mental” que no era otra cosa que la oposición o desafío hacia su marido o padre y podía ser internada en un centro con premura.

En el momento que algún facultativo (galeno = médico) diagnosticaba o atribuía que el comportamiento se alejaba o rechazaba las normas sociales establecidos podía el padre o el marido internar a la mujer en un sanatorio, aquejada de una enfermedad de los nervios. De ahí que en el siglo XIX era muy frecuente que los sanatorios y manicomios estuvieran llenos de mujeres.

[1] Flaubert, G.: Madame Bovary. Madrid: Cátedra, 1999.

[2] Rivera, N. (2002) Madame Bovary, retrato de la histeria en Clínica y Pensamiento. Revista de la Asociación Española de Psicoanálisis del Campo Lacaniano (AePCL) (pp201-214)

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Literatura y Psicología

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No por casualidad elijo este tema. En él uno mis dos pasiones: La literatura y la psicología. Ambas disciplinas conviven en un mundo en el que habitan las palabras, las emociones y los sentimientos; las actitudes y las pulsiones.

En el imaginario colectivo hay muchos cuentos infantiles que nos ayudaron a cruzar aquella etapa con mayor soltura: Juan si miedo, El sastrecillo valiente, El patito feo… Los cuentos de hadas tienen gran valor en la formación de la moral, la inteligencia, el desarrollo de las habilidades sociales y la empatía, entre otros aspectos emocionales.

Pero el objetivo de este escrito no es hablar de los cuentos, sino de cómo la literatura puede salvarnos, darnos un punto de vista que nos haga crecer. Y cómo la psicología, esa que algunos rechazan, niegan o, sin muchos argumentos, dicen que no creen en ella, está presente en nuestra vida, sin darnos cuenta, a través de los libros, los anuncios, las películas o las series televisivas. Seguro que conoces a Mafalda. Es un pozo inagotable de filosofía y psicología. ¿Quién no ha visto la película “Una mente maravillosa” donde se muestra la dureza de la esquizofrenia paranoide? O el Diario de Noah, ¿Te diste cuenta de que el tema era el Alzheimer? ¿Quién no ha visto alguna de las películas de Woody Allen? En todas, absolutamente en todas, podemos encontrar algún personaje con el que identificarnos por su histeria, obsesión, manías, temores… Podría seguir, este director y guionista es un gran conocedor de la psicología y dota siempre a sus personajes de conflictos neuróticos dignos del diván de un psicoanalista.

Me remito a algunos datos. Sigmund Freud (1856-1939; padre del psicoanálisis) ya subrayó en su época que la literatura advertía síntomas de la cultura. Pero antes que él, Moliere (1622-1673; dramaturgo, humorista y comediógrafo francés) y antes que este, Shakespeare (1564-1616; dramaturgo, poeta y actor inglés) nos mostraron en sus obras el padecimiento que por causa de las emociones y las pasiones podía sufrir el hombre hasta enfermar el cuerpo.

El enfermo imaginario (Moliere), obra escrita en verso, en clave de humor y sátira, está centrada en los médicos; sin embargo, es la historia de un hipocondríaco (aquel que teme a las enfermedades). Por su parte Shakespeare trató muchas de las emociones y estados psicológicos del hombre y la mujer en sus obras. Si analizamos sus tragedias encontramos que sus personajes suelen presentar síntomas físicos, conflictos psicológicos y relaciones desequilibradas. Cito tres de sus obras:

En Romeo y Julieta (historia de amor por excelencia) encontramos en la pareja protagonista los síntomas del enfrentamiento entre sus dos familias. El odio, el rencor está frente al amor y lo trágico de la relación. Desde el inicio los jóvenes enamorados están obligados a esconder su amor, lo que los llevará a tomar unas decisiones y terminar como terminan.

Hamlet, para muchos un loco, para otros un obsesivo o un enamorado que sufre (tendríamos para un debate) es la tragedia del deseo. Una obra en la que aparecen muchos conflictos psicológicos (expresados en diferentes personajes, pero incluso en el mismo protagonista). Él se finge loco para vengar la muerte de su padre, que por otro lado lo ha sumido en una profunda melancolía y sufre alucinaciones. Pero no todo el que sufre alucinaciones está loco… Por su parte, Ofelia sufre, se enferma…

Otelo, se presenta como la tragedia de la incomprensión. En ella luchan el amor puro, la pasión, el orgullo, los celos, la venganza… Sentimientos, emociones que mal elaboradas lo conducen al final trágico que todos conocemos de la obra.

Otras obras de la literatura universal subrayan estados psicológicos cercanos al conflicto o la demencia. Edipo Rey de Sófocles (en cuyo mito se basó Freud para explicar alguna de sus teorías), Medea de Eurípides (capaz de matar a sus propios hijos, en venganza, al sentirse ultrajada por su esposo), Los hermanos Karamazov de Dostoievsky (que cometen parricidio), Las heroínas dementes de las hermanas Brontë, o Madame Bovari de Gustave Flaubert, Anna Karenina de Tolstoi o La Regenta de Leopoldo Alas “Clarin”. Estas tres últimas, las más famosas adulteras de la literatura, expresan en sus cuerpos (al somatizar) el dolor de sus pasiones.

La literatura romántica no se queda exenta de esta circunstancia. Citaré algunas obras.

En primer lugar, y por el éxito cosechado, la archiconocida Cincuenta sombras de Grey de E.L.James. No hace falta que os desmenuce que sus gustos están muy relacionados con sus traumas infantiles que compensa de una manera particular. Vemos que el personaje masculino, Christian, está cargado de conflictos psicológicos y emocionales (recordemos que fue un niño maltratado) su bagaje emocional es bastante complejo: desconfiado, frío, cerrado, con un halo de tristeza y una coraza afectiva a la vez que posesivo, dominante y controlador. En cuanto a la protagonista femenina, Anastasia, está llena de inseguridades. Parece el patito feo que se convierte en precioso cisne. Ella, seducida por el magnetismo que él le produce entra en su juego, accede a sus deseos en una relación de sumisión (algunas voces dirían que es una relación patológica) y se propone salvarlo, algo que consigue con sus dotes de negociación. Pero en el fondo es el amor. Cuando el protagonista se enamora, puede, y está dispuesto a cambiar, entonces sus obsesiones y “necesidades” se van diluyendo.

Otra novela de este estilo es la trilogía: Mi hombre (Seducción, Obsesión, Confesión) de Jodi Ellen Malpas. Seguro que la conoces. Por muy interesante que nos pinte Jodi a Jessi Ward, algunas escenas me hacían pensar en la falta que le hacía al personaje un psiquiatra (y un poquito de medicación, también). Su obsesión en algunos pasajes raya lo paranoico y enfermizo. El personaje masculino también es celoso, posesivo, dominante, manipulador y está cargado de secretos. La protagonista femenina caerá en su red nada más conocerlo, la atracción la llevará a experimentar una pasión desenfrenada y querrá redimirlo. Algo que choca un poco es intentar comprender cómo ella soporta algunas cosas. Esto me hace pensar que cuando alguien está tan seducido por un otro que no anda muy bien, es que también le pasa algo. Porque a Ava hay que dale un par de tortas algunas veces. En esta novela podemos ver (igual que en 50 sombras) el daño de los conflictos no resueltos y cómo estos modelan la personalidad y la vida…

Pero bueno… Soy de las que piensan que en el amor no vale todo. Por eso cuando veo un personaje posesivo, celoso a rabiar, dominante y obsesivo pienso que hay quien puede confundir todo eso con amor. Y no, la obsesión no es amor.

En la novela romántica histórica, en muchas ocasiones, encontramos personajes que están atravesados por conflictos internos o motivaciones como la venganza y esa obsesión puede llegar a perjudicarlos mucho. Se me ocurren varias novelas en las que la venganza y el enfrentamiento por salir vencedor de una afrenta son el hilo que mueve la trama. Citaré algunas.

 Para hacer contigo lo que quiera de Raquel Mingo. Excelente texto que nos muestra la evolución del personaje que a pesar de que la venganza mueve sus intenciones hasta la obsesión, será el amor el que le permita evolucionar y salvarse.

Dos novelas de la gran Nieves Hidalgo, por ejemplo, Alma Vikinga, en la que la venganza, el odio y la codicia son su hilo argumental, su personaje protagonista acabará redimido por el amor, admirando a su Valkiria. O Brezo Blanco, donde el desagravio y el resarcimiento vuelven a ser un hilo conductor, junto a los fantasmas de un pasado que atormentan al protagonista y la negación de un sentimiento llamado amor.

Según lo expuesto, la conexión entre literatura y clínica no es algo novedoso. Ninguna novela escapa a la tragedia de la vida.

En las consultas de los psicólogos, psicoanalistas, médicos y demás profesionales que se ocupan del cuerpo y la mente, el dolor circula. Pero también transita el amor y el desamor, los conflictos internos, los rencores, las pasiones sublimadas, los ideales frustrados y los deseos reprimidos. Signos capaces de provocar síntomas. Todo esto que anda por los consultorios también puede recorrer las páginas de un libro (lo hemos visto). Algunos síntomas son muy novelescos. La novela de la vida no es más que un relato literario convertido en ficción.

Y como ficción tiene sus propias leyes que se manifiestan en la trama. La sucesión de giros que anudan y desanudan esa trama y una característica importante que no existe en la vida real del paciente: el objetivo de entretener al lector. A lo que sumamos un final feliz, por lo menos en la novela romántica debe haberlo.

COR CON NR