La reseña de … Miss Smile

Reseña desde el blog de Las historias de Mis Smile para Tres días y una vida

Las Historias de Miss Smile

Y esta semana es el turno de …

Autora: Nuria Rivera

Editorial: Selecta

Protagonistas: Dos protagonistas muy dispares, que se conocen en un momento crucial de sus vidas. Son de esos personajes que te invitan a conocer su historia, ya que te atrapan desde el inicio y vaya inicio !!!!

Secundarios: Ambos personajes están rodeados de un entorno muy familiar, son sus pilares en la vida y un gran apoyo cuando los necesitan.

SENSACIONES

Una historia que tiene varios “tempos” muy marcados, empieza muy romántica, con unos tiras y aflojas entre los protagonistas  que te meten de lleno en sus vidas y los vamos conociendo, todo va sucediendo muy rápido y lleno de emociones emergentes, sentimientos que explotan y entonces… la novela sufre un giro sorprendente y todo cambia, y volvemos a empezar pero con unos cambios brutales y ya no es todo tan de color rosa.

Me fascinan…

Ver la entrada original 102 palabras más

Publicación de TRES DÍAS Y UNA VIDA

Hoy sale  a la venta mi nueva novela: TRES DÍAS Y UNA VIDA.

Está disponible en eBook en  Me gusta Leer (la web oficial de la Editorial Penguin Random House desde donde se puede acceder a todas las plataformas digitales (Amazón, Google play, Kobo, Aple Book, Casa del Libro..)

Espero que te guste y entretenga y si después de leerla me dejas un comentario en la plataforma donde la compraste me ayudarás a darle visibilidad.

Un amor de verano a orillas del Mediterráneo.

¿Son tres días suficientes para enamorarse?

3D1VLOGO 3

Nueva Novela: Esa locura llamada amor

¡Feliz Año!

Quiero estrenar este año con la portada de mi primera novela que saldrá publicada en papel y eBook con el sello de Vergara y fue finalista en el concurso de novela Romántica Vergara y Rincón de la novela Romántica de 2018. ESA LOCURA LLAMADA AMOR

Estoy emocionada por esta nueva publicación (la séptima en mi haber como escritora). Saldrá en marzo y muy pronto os contaré cosas sobre ella. Pero os adelanto que es una novela romántica que transcurre en la Barcelona de la Exposición Universal de 1888.

Esa locura llamada amor es la historia de un beso, de una pasión y de cómo a veces el amor se convierte en locura.

Si quereís ya podéis reservarla en Me Gusta Leer desde esta página podéis acceder a todas las plataformas digitales.

7 Esa locura llamada amor

LOGO 3

Cuento de Navidad. Unas navidades blancas.

christmas-3778185_1920El cielo plomizo traía lluvia de nieve, el viento arreciaba y helaba los rostros y las manos de aquellos que osaban salir y enfrentarlo. Parecía que Eolo quería mostrar su poder aquellos primeros días de invierno.

Una anciana cruzaba la solitaria avenida. Con su cuerpo menudo luchaba contra la inclemencia del tiempo ayudada de un paraguas como escudo, que se doblegaba a la voluntad del aire, y un carro de la compra que parecía anclarla al suelo. Lenta, pero segura avanzaba conquistando cada paso. Al fin llegó a un portal y recogió el desvencijado paraguas. Lo miró calibrando si merecía la pena conservarlo y decidió que bien podría resistir otro aguacero.

Cuando llegó a su casa un hombre de su misma edad, ataviado con una bata de cuadros y unas zapatillas azules a juego la esperaba sentado, adormilado cerca de un radiador.

—¡Vamos a tener unas navidades blancas! —exclamó la mujer con entusiasmo.

Él se despertó de golpe y la observó extrañado.

—¿Dónde has ido con este frío? —preguntó al tiempo que se levantaba para ayudarla. Sus pasos fueron torpes y pequeños.

—Me faltaban unas compras.

—Ay, María, sigues con lo mismo —observó apesadumbrado—. Ellos tienen su vida y sus cosas. No tendrán tiempo de venir.

—¡Es Navidad, Antonio!

El anciano la miró con ojos tristes. Le dolía romperle la ilusión, pero sus hijos vivían muy lejos. No vendrían a pasar unas pocas horas con ellos. Aprovecharían aquellos días de fiesta para viajar a otras ciudades, encontrarse con amigos. No iban a pasar su tiempo con unos viejos.

—¿Has desayunado? —preguntó ella después de quitarse el abrigo, cambiarse el calzado y arrebujarse en su bata. Se la había regalado su hijo mayor, no recordaba cuándo.

—Te estaba esperando, pero he hecho las tostadas.

Entraron en la cocina y mientras ella ponía una cafetera en el fuego, él sacaba del carro varias tabletas de turrón, bombones, una gran caja de gambas y varias cajas amarillas con un pavo dibujado.

—¿Vas a hacer canelones? —preguntó sorprendido. Había mucha comida ya preparada. Ella asintió con satisfacción.

—Claro, ¿para que crees que es toda esa carne de la olla? Y sopa y gambas… Ay, Antonio, una comida de navidad decente.

Él la observó sin atreverse a decir nada. Disimuló su pena, no quería decepcionarla, pero sus hijos no iban a acudir a su casa aquellas fiestas, como no lo habían hecho las pasadas y aunque ella los justificaría, sabía que le dolería el corazón.

—Bueno, pero no hagas muchos, ¿de acuerdo? No quiero estar toda la semana comiendo sobras.

Desayunaron mientras recordaban otros tiempos, cuando la casa estaba llena de niños, niños que crecieron y se hicieron adultos y tuvieron sus propios hijos. Cuando el espacio se quedaba pequeño y hasta debajo de la mesa había un chiquillo. ¡Cómo había corrido el tiempo! Antonio aún sentía el calor en sus brazos por sujetar a su hija para que coronara el árbol con una estrella. Aquel árbol que ahora adornaba solo, aunque en su mente siempre lo hacía con ella.

María celebraba las fiestas con mucho entusiasmo y le gustaba decorar la mesa bien bonita, de blanco, rojo y dorado. Hasta en los malos tiempos en los que no podían permitirse lujos, ella los había sorprendido con algo. Un poco de jamón, una buena botella de cava, chocolates y turrones para los niños tras la sopa y la escudella… y nunca había faltado un villancico. Noche Buena y Navidad siempre habían sido especiales hasta que los hijos se hicieron grandes y volaron del nido. Y él los echaba tanto de menos esos días…

Antonio la vio trajinar todo el día en la cocina y la ayudó en lo que ella le dejaba, aunque obedecía sin rechistar. «Ayúdame a poner la mesa, Antonio», y la ayudaba. «Saca los candelabros con las velas» y los sacaba. «¡Ay, Antonio! La cubertería nueva», le reñía y él la cambiaba… todo por verla feliz.

Cuando estuvo todo preparado. María se cambió la ropa de estar por casa y tendió sobre su cama unos pantalones nuevos y un jersey azul de lana para que él se los pusiera.

Fuera, tras los ventanales, el viento arreciaba y los primeros copos blancos habían empezado a caer. Hacía frío, pero era tan bonito el espectáculo que María no pudo resistirse y salió al balcón.

—¡Mira Antonio! Si parece una postal.

church-648430_1920

Él la siguió y posó el brazo sobre su hombro, atrayéndola hacía él. En silencio contemplaron la avenida iluminada.

—Anda, entra que ya no eres tan joven y te vas a enfermar —bromeó él tras contemplar el paisaje.

Luego se sentaron junto a la mesa y esperaron con la televisión encendida.

Antonio veía pasar el tiempo. Su ansiedad crecía al ver que el objeto del deseo de su esposa no llegaba. Los hijos que tanto trabajo les dieron, esos a los que tanto amaron no estaban con ellos. Sin darse cuenta se adormiló.

En la bruma de sus sueños deseó que la navidad fuese como antaño, toda la familia reunida alrededor de la mesa.

—¡Vamos a tener unas navidades blancas!

La voz de su mujer lo sacó del duermevela.

—¿Qué dices? —preguntó extrañado, aquella escena ya la había vivido.

Al mirar a su alrededor Antonio tuvo la impresión de que su mañana se repetía. Se tapó la cara con las manos y al descubrirla necesitó parpadear al darse cuenta de un extraño olor. Entonces lo supo. Las tostadas se habían echado a perder y él seguía en bata.

Con una exactitud milimétrica comprobó que su día se sucedía tal y como había soñado. Trató de hacer comprender a su mujer que nadie cenaría con ellos y que no hacía falta tanto esfuerzo. Ella, como si no escuchara, no lo atendió.

—Quizá podemos ir empezando a cenar —dijo cuando le pareció que era la hora.

—Vendrán.

—¿Te lo han dicho?

—No, pero sé que vendrán.

La miró como si supiera lo que él pensaba, que los hijos acabarían llamando y excusando su ausencia: una fiesta, la niña quiere ir con los amigos, hace frío, están muy lejos. No quiso decepcionarla. Sabía, igual que ella, cómo acabarían la noche: sentados en el sofá con las manos entrelazadas bajó una manta.

—Entonces brindemos por ti y por mí, por el tiempo que tenemos. Por toda una vida juntos —dijo él con el cava en la mano y una tierna sonrisa dibujada en los labios.

—¡Una copita Antonio, solo una copita! —exclamó risueña. Chocaron sus copas como habían hecho tantas navidades atrás y después, ambos dieron un pequeño sorbo sin dejar de mirarse.

En aquel momento llamaron a la puerta. Antonio con expresión de fastidio miró hacia el techo, mientras María se dirigía a abrir. Sería la vecina que vendría a pedirles sillas. Pero un ruido de risas y gritos le hicieron acercarse al pasillo.

Como si vinieran de un largo viaje, sus tres hijos, sus nueras, su yerno, sus nietos, hasta el perro de uno de ellos entraban con una expresión de alegría en sus caras.

María se le acercó emocionada, se agarró a su brazo y susurró solo para que él lo escuchara.

—Hombre de poca fe. Algunos sueños se hacen realidad.

Por un momento no supo discernir si el día se había repetido, había vivido un sueño y se le había cumplido o si la brujilla de su esposa lo conocía tanto que había querido bromear con él. «El tiempo no da marcha atrás», se dijo. No quiso demorarse más, algunos días podían ser mágicos.  Se dirigió hacia el grupo que entraba cargado de paquetes para dejarlos bajo el árbol y emocionado exclamó con alegría:

—Ho-Ho-Ho ¡Feliz Navidad!

Que la magia de la Navidad te siga sorprendiendo.

 

Obra registrada en www.safecreative.org nº 1912132673696

safecreative non atribution

Imágenes de http://www.pixabay.com

arbol cor nadal

 

Nueva novela: Tres días y una vida

Sinopsis

Un amor de verano a orillas del mediterráneo.6 Tres días y una vida

¿Son tres días suficientes para enamorarse?

Audrey López regresa a Menorca, donde vivía, por motivos laborales. Su mejor amiga y compañera se ha quedado en Barcelona y tendrá que enfrentarse sola a un pasado y una familia que quisiera olvidar. Pero que la confundan con una paparazzi la descoloca. Encontrarse con un loco que le grita, en una noche en la que se siente sola, es lo peor que le podía pasar.

Lucas Hart es un futbolista que está a punto de retirarse. No pasa por su mejor momento. Su cualidad más preciada está en baja forma y su virilidad comprometida por una disfunción sexual. Evita a las mujeres para no desvelar su secreto. Pero al saberse descubierto por una desconocida cree morir. Los programas sensacionalistas lo destrozarán. Tras el desconcierto del momento, la mujer que encuentra lo desarma por su normalidad.

Audrey y Lucas iniciaran una amistad que se convertirá en un amor de verano, corto y apasionado. Sin embargo, el momento de la despedida lo llenan de promesas de futuro. Promesas que Audrey no podrá cumplir. Cuando quiere hacerlo es demasiado tarde, su vida ha dado un giro de ciento ochenta grados y está expuesta a peligros y amenazas que ella misma desconoce.

Tres días y una vida es mi sexta novela. Su fecha de lanzamiento es el 16 de enero de 2020, pero ya está en preventa. Si quieres puedes reservarla en estos enlaces:

Amazon➡️ https://amzn.to/2DFhMmw          Google play➡️ http://bit.ly/34HP6VZ
Casa del libro➡️ http://bit.ly/2Rv9zte               Kobo➡️ http://bit.ly/37Y4Ztl 

arbol cor nadal

Un conde sin corazón. Fragmento

Puedes adquirir la novela en plataformas digitales.UCSC

Amazon         Google play      Apple Books
Casa del Libro    Kobo by Fnac    Me gusta leer

¡¡¡No olvides dejar tu comentario en tu plataforma habitual!!

Fragmento del momento en el que lady Rosemary y lord Richard Bellamy, conde de McEwan, se ven por primera vez.

Richard Bellamy vestía ropa de montar. Se quitó la chaqueta y la dejó sobre un sillón para salir al vergel. El aire era más puro que en el maldito Londres. Si no ponían remedio iban a morir todos contaminados en la ciudad más grande del mundo.  Cogió las riendas del caballo y lo acercó a la orilla. La visión de una joven que salía de entre los árboles, como si fuera una ninfa del bosque, llamó su atención. Retuvo al corcel para no hacer ruido y la contempló. La joven, con la vista buscó un lugar y tomó asiento en el suelo, junto al tronco de un abedul. Entre sus manos tenía lo que parecía un sobre, al que observaba con detenimiento. Estaba tan absorta que ni siquiera captó su presencia.

Su rostro estaba enmarcado por el dorado cabello, lo adivinó ondulado, aunque parecía estar sujeto con una cinta en la base de la nuca, pero con gracia lo colocó sobre su hombro y le cayó por el costado. Por sus ropas pensó que sería una doncella del pueblo.

De repente la vio rasgar el sobre y extraer un pequeño pliego. Todos sus gestos eran muy delicados, imaginó sus ojillos rápidos siguiendo las letras, quizás de un pretendiente, que le relataba palabras de amor. Pero su rostro cambió y el grito que salió de su garganta le hizo pensar que algo malo le decía el enamorado, porque se cubrió la cara con las manos y rompió a llorar.

Richard nunca se había sentido así, vulnerable, indeciso. Le dolió la pena de la muchacha. Quiso ir y decirle algo, consolarla de algún modo, pero no quería asustarla. La vio ponerse de pie, el papel cayó lánguido al suelo y, con extrañeza, observó cómo se deshacía del chal que la cubría y deslizaba la falda por sus piernas.

«¿Qué va a hacer?».

La camisola que la cubría era blanca y le llegaba por las pantorrillas. Se descalzó. Casi deseó que se quitara la prenda que le quedaba. Con asombró la vio caminar, directa al lago.

«¿Se va a dar un baño?».

Pero la triste expresión de su cara, las lágrimas que surcaban su bonita tez, le anunciaban que algo no marchaba bien. Caminaba hacia el agua y esta comenzó a cubrirla, esperó a que se lanzara a nado; sin embargo, la joven se deslizó erguida como si siguiera un camino imaginario. Perplejo se quedó quieto hasta que vio flotar el cabello, y después nada, solo la cinta del pelo sobre las aguas.

Esperó a que saliera, pero el tiempo le parecía que volaba y ella no emergía del lago.

«Por Dios, no puedo permitir que se ahogue esta loca».

Casi a la carrera se quitó las botas y se lanzó al líquido elemento. Le costó encontrarla. Se revolvía sobre sí misma y levantaba el lodazal del fondo. Por fin pudo agarrar una de sus manos y tiró hacía él con fuerza, pegándola a su cuerpo, hasta que la sacó a la superficie.

La imagen de la ninfa lo noqueó un segundo. Ella, abrazada a su cuello, trataba de coger aire para llevarlo a sus pulmones.

—¿Está loca, pretendía morirse?

La muchacha no podía hablar, tampoco soltarse, algo que le agradó y, sin permiso, rodeó su cintura para sentarla en su rodilla y así él poder mantenerse a flote con la otra mano.

—Yo… yo… me había enganchado.

La joven se retiró todo el pelo de la cara y sus ojos, entre marrones y verdes, lo miraron con intensidad. No supo qué decir, pero su instinto de hombre vio a la mujer que tenía entre sus brazos. Recorrió las gotas que surcaban su piel y bajaban por el cuello para seguir la línea del pecho. Un seno hermoso, redondo que quiso morder, subía y bajaba empujado por la respiración entrecortada de su dueña. Podía tocarlo si estiraba los dedos. El fino hilo de la prenda mojada los dejaba ver sin censura. Una aureola rosada, un pico erguido que lo llamaba. Su entrepierna se afectó al tener tan cerca la de la joven. Se obligó a mirarla al rostro, ella parecía tan abstraída como él, sus ojos estaban clavados en su cara. Se acercó y retiró de sus labios, como si un hilo invisible tirara de él. Aquella boca jugosa lo llamaba. Ella no retrocedió, ni se soltó de su cuello. Richard supo lo que miraba: un hombre; quizás no hermoso, pero sí atractivo, tan rubio como ella y de ojos claros que la miraban con deseo. Se contuvo para no besarla cuando ella acarició su torso como el que exploraba algo por primera vez y llevó los dedos a sus labios. Parecía en trance. Embrujado fue a chuparlos, pero la sangre en la yema de sus dedos lo preocupó.

—¡Está sangrando!

Richard fue testigo de cómo las palabras la trajeron al presente y se asustaba. Al ser consciente de su postura y cómo se le clareaba la ropa, se deshizo de su abrazo y se zambulló, llegó a la orilla a nado.

No había tenido casi tiempo a reaccionar. Cuando salió del agua, ella ya se había cubierto con sus ropas y corría en dirección a cualquier parte.

—Pero ¡¿qué te ha pasado?! —se preguntó molesto.

Se llevó las manos al pelo para escurrir el agua y se observó empapado. La camisa se había echado a perder y lanzó un hondo gemido. Al llevarse la mano al hombro, a donde tenía la herida del florete de lord Halkerton soltó una maldición. Era él quien sangraba.

—¡Perfecto! Ahora tendré que aguantar la bronca de Aldrich.

 

Si quieres seguir leyendo ves a: Novela Un conde sin corazón

LOGO 3

Entra en Me gusta leer (PRH) y descubre todos mis libros. Libros de Nuria Rivera

Quinta entrega de Minstrel Valley, una alumna que lucha por sus derechos

Desde el blog Resistencia Literaria. RESEÑA de Un conde sin corazón

Resistencia Literaria

En esta ocasión —estamos ya en la quinta entrega, cómo pasa el tiempo— en Un conde sin corazón de Nuria Rivera, tenemos a dos protagonistas que arrastran traumas familiares del pasado. Traumas bastante similares, por cierto. Tienen un primer encuentro dramático que hará que él (Richard Bellamy, conde de McEwan, de quién se dice que no tiene corazón) quede intrigado por la muchacha, lady Rose Lowell, y comience a sentir algo nuevo e inesperado. Desde ese primer momento entre ellos se produce una atracción que ninguno de los dos acaba de querer reconocer, pero que tampoco pueden evitar. Teniendo a un protagonista guapo y a una joven hermosa y ambos con gran personalidad, era inevitable que saltaran chispas entre ellos.51kQbzZxAXL

Nuevamente se trata el tema de la situación de la mujer en la época pero en esta ocasión afecta directamente a la protagonista. Concretamente habla de la problemática de los…

Ver la entrada original 103 palabras más

Servicio de corrección de textos y estilo

Desde el blog de la autora Marta Lujan. Una buena corrección siempre enriquecerá la historia escrita

Yo... y mis historias

Sin duda, no hay nada tan maravilloso como ver la historia que ha salido de tu mente y de tu corazón publicada en un libro, con una hermosa portada y tu nombre en bonitas letras.

Para todos aquellos que escribimos, esto supone una meta que, hoy por hoy, es bastante alcanzable gracias a las numerosas plataformas de autopublicación que existen a disposición de los usuarios. Sin embargo, creo que el objetivo principal de cualquier autor no es solo publicar el libro, sino también, que se lea. ¿De qué sirve una historia maravillosa si no llega al público, si nadie la lee?

Que alguien lea nuestra novela es todo un reto, sobre todo teniendo en cuenta la gran oferta que hay en el mercado, pero no es imposible. Incluso, y aquí viene el “más difícil todavía”, podemos conseguir que lean nuestra segunda y nuestra tercera novela… ¿Cómo?

Bueno, ciertamente es una…

Ver la entrada original 431 palabras más